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Felis, la constelación del Gato

Desde la más remota antigüedad el ser humano ha intentado racionalizar todo lo que le rodea, y tal vez para ahuyentar el miedo a la noche los antiguos miraron al cielo buscando algo familiar, que siempre estuviera ahí acompañándolos. Así surgirían las constelaciones, que son las figuras que se forman al unir con líneas imaginarias un grupo de astros situados "visualmente" cerca (aunque en realidad se encuentren muy alejados entre sí).

Cada civilización creó sus propias constelaciones, relacionadas sobre todo con lo más cercano a ellos, y así los pueblos de cazadores veían armas o trampas; los agricultores, plantas; los pastores, animales, etc. Poco a poco se fue creando todo un sistema que dio origen a la astronomía, y cuya función primordial en aquellos tiempos fue la de servir de guía a los viajeros y navegantes. Parece ser que mediante los contactos comerciales, la ciencia astronómica pasó de los acadios a los sumerios, asirios y babilónicos, y de éstos a los cretenses, Egipto y Grecia.

En Grecia se reelaboró toda la ciencia astronómica heredada de las civilizaciones antiguas, y se empezó a catalogar los objetos celestes. Tolomeo (100-178 d. de C.), en su Almagesto, cataloga por primera vez 48 constelaciones. Pero aún quedaba mucho “espacio vacío”, y en los sucesivos siglos se fueron añadiendo constelaciones. Entre los siglos XVI y XVII se incluyeron 10 nuevas a la lista de Tolomeo.

No obstante, las 58 constelaciones que había hasta esa fecha pertenecían todas al cielo boreal (norte del Ecuador), pero no había ninguna catalogada en el cielo austral (al sur del Ecuador). En 1603 se incluyeron 12 nuevos grupos de estrellas pertenecientes al cielo austral, que fueron observadas y estudiadas en un viaje por los mares del Sur realizado ex profeso para la ocasión. En el siglo XVIII se añadieron varios grupos más de estrellas australes, aunque existe una constelación austral cuyo origen se desconoce, y es la Crux (Cruz del Sur).

En el año 1922, la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional (UAI) aprobó la lista de las 88 constelaciones que hay actualmente. No cabe duda de que se trata de un catálogo totalmente europeizado, ya que no se han tenido en cuenta las constelaciones creadas en otras culturas, sino que se basa en los registros griegos y europeos.

Pero en los siglos XVII y XVIII se crearon otras constelaciones que no han llegado a formar parte de las oficiales. Como dato curioso, cabe destacar que los círculos eclesiásticos intentaron cambiar los nombres de las divinidades paganas por otros cristianos. Por ejemplo, el Sol pasaría a llamarse Jesucristo, la Luna sería la Virgen María, Aries se llamaría Apóstol Pedro, Piscis sería el Apóstol Mateo, Venus se llamaría Juan el Bautista, etc. Los astrónomos, por supuesto, se opusieron firmemente a esta reforma, y más que ellos los propios religiosos, que preveían un lenguaje impío en la jerga astronómica, cuando alguien dijera por ejemplo que “Jesucristo ha sido eclipsado por la Virgen María”. También la política intentó entrometerse en este campo, y así en 1808 unos eruditos alemanes propusieron renombrar la constelación de Orión como Napoleón, pero incluso los astrónomos franceses lo vieron como algo fuera de lugar.

Entre toda esta maraña de nombres y constelaciones destaco una por su relación con los gatos. En 1798, el astrónomo francés Joseph-Jérôme LeFrançais de Lalande (1732-1807) dio nombre a la constelación Felis (el Gato en latín), situada en los cielos del hemisferio austral. Era un gran amante de estos felinos, y según sus palabras: “Yo amo a los gatos, los adoro, y espero que después de sesenta años dedicados a la astronomía me perdonen el haber puesto uno en el cielo”. En el 1801 apareció la constelación del Gato por primera vez en un atlas estelar, el de J.E. Bode, y también Angelo Secchi hizo lo propio en 1878, pero luego nadie más volvió a mencionarla, hasta que fue eliminada por la Asamblea General de Astrónomos de 1922 junto con otras 26 constelaciones. Felis contenía estrellas de otras constelaciones: Pyxis (Brújula), Hydra (Hidra) y Antlia (Máquina Hidráulica o Bomba de Aire). Por sus muchas contribuciones a la astronomía (de las que la constelación del Gato fue sólo algo casi nimio), un cráter lunar fue bautizado con su nombre: el cráter Lalande.

De todas formas, los aficionados a los felinos seguimos contando con 3 miembros de la familia gatuna en los cielos: Leo (el León), Leo Minor (León Menor) y Lynx (el Lince), pero se echa en falta al pequeño gato doméstico entre las estrellas.


Fuentes:
Observar las estrellas. Grupo Astrófilo Lariano. Editorial de Vecchi, S.A. Barcelona, 1999.


Contribución de Isabel Gil

Cristal ha hecho este comentario en fecha 27/08/2011 04:05

Hermoso artículo, muy interesante, me gustaría que hoy en día la ciencia nos dejase contemplar un minino en el cielo, que aparezca en los libros, aunque con que este en mi mente es suficiente.

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