Te comprendo bien, Dr. Fausto. Yo tuve a la Jodíaenana, que entonces tenía los nombres de Pequeño Diablo de Tasmania, Lamadrequeteparió, Pequeño Desmán, Desastre Peludo y Ochedejaeso. Ahora se llama La Grisi, y es un gato cojín, y me valió para jurar para siempre jamás que un cachorro no volverá a entrar en mi casa nunca en la vida (si yo puedo evitarlo). Siempre adultos siempre siempre.
Te digo lo que me decían a mí, y que en el momento no me sirvió de gran cosa: paciencia. Tienes la ventaja de que tienes dos y se entretienen entre ellas, pronto crecerán y se irán asentando. Ya sé que lo de la paciencia no es fácil, pero o eso, o las pelas y te las pones para cenar. Creo que tengo por alguna parte el post...
Me alegro de que te recuperases del triple infarto (jorl, que no tenías bastante con uno¿?

), pero por lo menos los del ayuntamiento han llamado y no se han presentado en tu casa con los bomberos tirando la puerta. A una tía mía le pusieron también un medallón de esos, le dio accidentalmente durmiendo y como está sorda perdida, sólo se enteró de que la habían estado llamando cuando la vecina entró con la llave y la Cruz Roja. Y entonces casi le dieron los tres infartos...

Ah! Ojito con el amoníaco; a las mías les encanta, igual que el vinagre y el olor a naranja. Puedes probar a poner el medallón en el cabecero de la cama o algo así, fuera de su alcance pero al tuyo. Ten siempre en cuenta que los cachorros son los inventores del peligro.
Bienvenidos los tres, y mucho ánimo.