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Autor/a Asunto: Mis morrongos y yo  (Leído 2832 veces)
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24-10-09, 01:35

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« en: 10-11-09, 00:28 »

Al contrario que la mayoría de ustedes, yo ya no tengo a mis morrongos conmigo (estarán en el cielo de los gatos, que dice Antonio Burgos), pero sí me gustaría contarles cosas de ellos y, en cuanto sepa cómo subir fotos, les pasaré algunos escaneos.

Toda mi historia de amor con mis gatos empezó en 1991. Antes de eso, no sólo no me gustaban nada, sino que les tenía bastante tirria, porque había vivido en una casa con jardín y todos los gatos de mis vecinos solían reunirse precisamente en el jardín de mi casa, en donde crecía el césped, que solía amanecer lleno de caquitas y vómitos. Claro que yo era una cría que no entendía nada, de lo contrario hasta hubiera apreciado el hecho de que el jardín de mi casa, en donde seguramente crecería algún tipo de planta que les gustaba mucho para purgarse, había sido el lugar elegido por ello para celebrar sus reuniones...

Precisamente tengo un recuerdo infantil que me impresionó mucho, el de cierta noche en que oí unos maullidos extraños y me asomé a la ventana del dormitorio y pude ver a unos diez o doce gatos reunidos en círculo en torno a la mesa del centro del jardín, muy quietos, como si hablaran. La escena me dio un miedo terrible. Pero años más tarde pude leer algo sobre estas misteriosas reuniones de gatos en las que, no se sabe como, parecen convocarse todos los animales que viven en un territorio determinado para establecer jerarquías. No hacen nada, no juegan ni se pelean ni nada, sólo se limitan a sentarse en círculos y establecer posiciones jerárquicas, los más jóvenes por fuera, los dominantes en el centro, etc.

De todas formas, los gatos me parecían unos animales molestos e incomprensibles. Prefería, con mucho, a los perros, tan cercanos y expresivos. Hasta que en 1991 conocí a la gata del que era entonces mi novio, una siamesa con mucho carácter pero que de la que recuerdo detalles encantadores. Por ejemplo, la gran cantidad de registros de voz que tenía, casi como palabras, y lo bien que sabía expresar lo que quería. Pedía que le abrieran la ventana para tomar el sol, y luego que la cerraran cuando ya estaba cansada. Tenía maullidos diferentes para cada miembro de la familia, y cuando nos sentábamos a comer a la mesa, no paraba hasta que le ponían una silla idéntica a las nuestras y se sentaba ella allí como una gran señora, a mirar lo que hacíamos y a participar a su modo: no pedía comida ni se subía a la mesa, sólo miraba y maullaba cuando hablábamos. "Le gusta ser como la gente", solía decir su dueño.

La gata consideraba la casa como su territorio y exploraba minuciosamente todos los cambios que en ella se hacían, como muebles nuevos, objetos fuera de su sitio, etc. En cierta ocasión, un fontanero realizó unas reparaciones en ausencia de su dueño, y ella, en cuanto él llegó, lo llevó apresuradamente hasta el sitio en cuestión y se apoyó en el lavabo (desatascado horas antes) mirándolo y explicándole con innumerables tonos distintos de "miau" las novedades que habían tenido lugar.

El comportamiento de esta gata que se consideraba un miembro más de la familia con plena autoridad me fascinó, y llegué a entenderla bastante bien. Al principio me bufaba de lo lindo, pero al final nos hicimos amigas. Tanto es así que decidí tener mi propio gato, y ése fue Schrödinger, del que hablaré en el siguiente post.  dit amunt
 
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26-01-08, 11:40

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« Respuesta #1 en: 10-11-09, 12:02 »

quizá sea hora de volver a tener michis en casa  Evil
 
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24-10-09, 01:35

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« Respuesta #2 en: 10-11-09, 22:00 »

quizá sea hora de volver a tener michis en casa  Evil

De momento no puedo, porque contraje una alergia de tipo asmático y estoy en tratamiento. Tengo prohibidos los animales de pelo y pluma en casa, aunque sigo alimentando a mis morrongos del jardín comunal. Pero todo llegará, ya veréis.  babosa
 
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3-07-07, 18:17

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« Respuesta #3 en: 10-11-09, 22:03 »

Suerte con la alergia, si me pasara a mi no se como quitaría la adición.  Wink
 
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24-10-09, 01:35

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« Respuesta #4 en: 10-11-09, 22:55 »

Si me hubiera pillado con un gato en casa, la alergia, francamente que yo tampoco lo sabría... Seguramente se habría quedado el gato y yo viviría con la mascarilla puesta.

CHAPTER TWO: "SCHRÖDINGER, EL GATO CUÁNTICO" (Primera parte).

Bueno, corría 1992 y yo había decidido que, en cuanto consiguiera un trabajo, me compraría un gato siamés. Ya había recopilado libros de gatos y en ellos había leído que esta raza es especialmente comunicativa y gregaria, y la prueba viviente la tenía en la charlatana de la gata de mi chico.
Sin embargo, una noche paseábamos por un barrio de las afueras y de las sombras salió un gato gris atigrado de lo más alegre, de unos cuatro meses de edad. Se abalanzó sobre mis zapatos y empezó a jugar con los cordones como si me conociera de toda la vida. Empecé a jugar con él y surgió una especie de afecto mutuo instantáneo. Pero, claro, el gato estaba demasiado limpio como para ser callejero, aunque no tenía collar ni nada... Preguntamos por el barrio y nadie sabía nada de él, por lo que llegamos a la conclusión de que era uno de esos gatos recién abandonados que suelen verse por las calles justo antes de los puentes largos y las vacaciones, o después de Navidad... El gato se vino con nosotros a casa alegremente, y le pusimos "Schrödinger", que es el apellido de un físico cuántico que imaginó un experimento teórico llamado "El gato de Schrödinger".
(En líneas generales, consiste el experimento, que no se puede realizar en la realidad porque correspondería a la física de partículas, a una escala infinitesimal, en demostrar que la existencia de un observador influye en el resultado del experimento: póngase a un gato en una caja cerrada con una cantidad de veneno en una cápsula cerrada. El veneno se libera dependiendo de la existencia o no de una partícula dentro de la caja en un momento determinado. El caso es que en física cuántica las partículas aparecen y desaparecen dependiendo de la existencia de un observador, así que, si quieres abrir la caja para ver si el gato vive o ha muerto envenenado, puedes ser tú el que cause su muerte con tu observación, pues al observar el experimento haces aparecer la partícula que libera el veneno, etc... esto es un rollo, lo sé, pero no sé explicarlo de otra forma).

Lo primero que hizo el gatito fue tratar de comerse a mis hámsters, que yo había puesto sobre una biblioteca bastante alta pensando ingenuamente que no los alcanzaría. Ésta fue la primera lección, que un gato curioso puede llegar a cualquier parte si tiene unas cortinas cerca y una pista de aterrizaje lo suficientemente ancha. Lo pillé encima de la jaula y salvé a los roedores de milagro. Nada de hamsters en casa en adelante...

El gato se adaptó rápidamente a la vida en mi casa y lo pasé fenómeno con él, pues era muy afectuoso con todo el mundo. Era muy inteligente y tenía unas habilidades especiales para abrir cajones, puertas de armario y hasta la nevera, cosa que hizo que en cierta ocasión se quedara encerrado dentro de la misma. Eso sí, era un poco ladronzuelo, y en cierta ocasión se las arregló para saltar desde el balcón hasta la cornisa de la ventana de la cocina y devorar toda una bandeja de polvorones, quitándoles previamente el papel con las garras... Se puso malísimo, pero no escarmentó.
También tenía otras costumbres curiosas, como la de pinchar los trozos de carne con las uñas y llevárselos a la boca como si de un tenedor se tratase, para no pringarse, o rebañar el fondo de los vasitos de yogur con las patas para lamerlas luego y así dejarlos completamente vacíos... Le gustaba avanzar por el pasillo de una manera peculiar, tumbándose en el suelo de costado junto a la pared y reptando como un gusano, apoyando las patas traseras en la pared para empujarse... Así recorría todo el pasillo, inspeccionando las habitaciones con más aspecto de lagartija que de gato. En una ocasión, se metió en el cajón de mis jerseys y yo lo cerré sin querer, me fui a trabajar y allí dejé al gato encerrado todo el día... Al volver por la noche, me extrañé al no ver al gato en la puerta, y oí un débil y lastimero "miauuu". En el cajón estaba. Lo abrí y salió disparado para su cajón de arena, ¡los jerseys estaban llenos de pelo del miedo que había pasado, pero se había aguantado todo el día!
Otra de sus diabluras consistía en birlarme los tampones. En cierta ocasión se me cayó uno y se lo di para jugar. El gato adoraba la forma del tampón, con el hilo colgando como si fuese un ratoncito... pero, claro, en cuanto estuvo demasiado puerco y deshilachado, se lo tiré. Entonces el muy ladino se dedicó a robarme los tampones de la caja, pues se había fijado en dónde los guardaba y sabía abrir el armario en donde estaban: volcaba la caja, cogía uno de ellos, lo sacaba del aplicador y pasaba horas deliciosas con él. Al final tuve que guardar la caja en un armario fuera de su alcance y dárselos uno a uno, a fin de evitar rapiñas.

Pasé horas jugando con él, y aprendiendo de él todo lo que los gatos tienen que enseñarnos, y aunque no era siamés también tenía sus "palabras" y sus poses especiales para indicar lo que quería. Como solía ir siempre pegado a mis talones y yo no estaba acostumbrada a la presencia silenciosa de un gato (antes que él había tenido perro), más de una vez lo pisé sin querer. Al final acabé poniéndole un cascabel, pese a lo cual en cierta ocasión en que el veterinario lo había puesto a dieta rigurosa, se las apañó para cazar un pájaro en el balcón y comérselo enterito. Vamos, que llegué a mi casa y sólo quedaban unas cuantas plumitas... Después de eso, lo observé en ciertas ocasiones espiar el vuelo de los pájaros por la ventana, emitiendo un chirrido parecido al piar de las aves (no el típico sonido que producen, parecido al balido de una cabra y que termina con un castañeteo de las mandíbulas, cuando ven un ave fuera de su alcance, no, sino más bien una especie de imitación de gorjeo... que alguien me lo diga si tiene constancia de que los gatos imitan los trinos de las aves para atraerlas, porfi).
Poco después de eso, Schrödinger tuvo un accidente cayéndose del balcón, seguramente pugnando por cazar otra ave. Cayó cuatro pisos abajo, hasta caer en el jardín de mi edificio. Yo me di cuenta más tarde, cuando lo llamé y no estaba. Me asomé y lo llamé por el balcón y me respondió con su "miau" característico, así que corrí a pedir la llave y bajé a buscarlo. Apenas llamarlo ya estaba corriendo en mi busca, al parecer tan campante, pero en cuanto entró por la puerta de casa se puso a temblar como un condenado y entró en shock. El veterinario le hizo unas placas y nos dijo que habia sufrido un enfisema, por lo que había que evitar que se moviera en las siguientes horas. ¿Cómo evitas que se mueva un gato? Lo metimos en una caja con agujeros (en aquella época yo no tenía ni transportín), a fin de que no pudiera vernos ni oirnos para que no se agitara. Recuerdo la noche infernal que pasamos con las luces apagadas y mirando la caja, sin hablar. Yo me moría de ganas de abrir la caja a cada momento para ver si el gato estaba vivo o muerto, pero si la abría corría el riesgo de que se revolviera para salir o algo, y entonces podía tener una hemorragia interna... O sea, que al final resulta que sí que teníamos un verdadero gato de Schrödinger en casa.

 Al día siguiente lo volvimos a llevar al "vete" y el gato estaba estable y como una rosa. Había pasado el peligro, nos dijeron...

 
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21-06-09, 19:28

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« Respuesta #5 en: 10-11-09, 23:50 »

Hmmmm, tienes el don de la palabra :-) Y unos recuerdos preciosos...
En cuanto a los gorjeos, yo vi a la gata de mis padres haciendo eso - ella tambien es capaz de atraer pajaritos en la cocina, haciendo ese ruido, y comerselos sin remordimientos (la muy bestia !!!  Grin)
 

Siempre puedes elegir.
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« Respuesta #6 en: 11-11-09, 00:25 »

Hmmmm, tienes el don de la palabra :-) Y unos recuerdos preciosos...
En cuanto a los gorjeos, yo vi a la gata de mis padres haciendo eso - ella tambien es capaz de atraer pajaritos en la cocina, haciendo ese ruido, y comerselos sin remordimientos (la muy bestia !!!  Grin)

¡Por fin, por fin! ¡No estoy loca!
(Cuando he contado lo de los "gorjeos" de mi gato, mucha gente no me ha creído y me han dicho que estaba atontada con el gato...)

Hombre, es su instinto. Son depredadores. No los culpo... Lo antinatural es que abran neveras, les quiten el papel a los polvorones y rebañen yogures de fresa, los pobres...
 
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30-03-04, 11:30

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¡El descanso del guerrero y la mirada del jefe!


« Respuesta #7 en: 11-11-09, 11:47 »

Estoy ansiosa por saber cómo sigue la historia de Schrödinger.
 

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29-10-07, 15:40

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« Respuesta #8 en: 11-11-09, 12:25 »

Yo también he enganchado a Misi "castañeteando" los dientes ante cualquier animal/insecto volador que pase por la ventana, con todos los bigotes bien tiesos hacia delante
 
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30-03-04, 11:30

Mensajes: 7.285


¡El descanso del guerrero y la mirada del jefe!


« Respuesta #9 en: 11-11-09, 23:55 »

Lo antinatural es que abran neveras, les quiten el papel a los polvorones y rebañen yogures de fresa, los pobres...

 laugh
 

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