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El valiente y cariñoso Pussy

Estela

Hoy os voy a contar la historia de Pussy, un gato encantador y muy cariñoso. Nació alrededor del mes de abril del año 99, y junto a él nacieron cuatro gatitos más. A las pocas horas murieron todos, hasta el padre... Solo quedaron el protagonista de esta historia, Pussy, y su madre.

Unos amigos de mi hermana le ofrecieron aquel gatito, que ella por supuesto aceptó porque le encantan, como a mí, claro. Pasaron los días, pasaron los meses y crecía feliz con sus juegos, sus ronroneos, sus monerías.

Estuvo dos veces enfermo. La primera nos preocupó bastante porque si no se recuperaba tendrían que sacrificarlo, ya que tenía lo que denominan los veterinarios el FUS, que es bastante malo para ellos porque se les obstruye la vejiga. Por suerte siguió adelante y se recuperó, aunque lo volvió a pasar un tiempo después, pero no fue nada al fin y al cabo.

Un día de repente empezó a no tener apetito, a estar apagado, sin ronronear apenas, sin jugar, nada de nada. Hasta que decidimos llevarlo al veterinario pensando que sería otra vez lo mismo. Estuvimos de urgencias un domingo, con un veterinario muy amable, por cierto. Le tocó y no tenia la vejiga hinchada ni nada de eso. Le siguió tocando y estaba claro que tenia algo en el abdomen, como un bulto. En principio pensó que podría ser una bola de pelo o algo que se había tragado, y claro, estaba en un lugar que tenían que abrirlo para poder quitárselo. La decisión estaba clara, lo abrió, y nosotros esperando impacientes por la delicada operación. Sale el veterinario y nos da la peor noticia que podíamos escuchar: no era una bola de pelo, ni nada que se pudiera haber tragado... Era un tumor.

Nos quedamos helados, sin saber qué decir. La primera opción era hacerle una biopsia, es decir, cortar el trozo donde estaba el tumor, con el temor a que pudiera reproducirse en poco tiempo o a largo plazo, o que no superase la operación. La segunda, dejarlo tal cual.

Después de la operación Pussy se quedó allí con el suero y con calor. Pocas horas después nos llamó el veterinario y nos dio la buena noticia de que se había despertado como si nada. Con su habitual fuerza, esa que le caracterizaba ya nada más nacer, porque fue el único que sobrevivió, también superó una delicada operación. Al día siguiente fue mi hermana a por él para llevárselo a casa, y nada más verla maulló, ronroneó, no hacía más que acariciar rozando con la naricita a su mamá, de alegría por volverla a ver.

El veterinario le dio una comida especial y le explicó cómo debía dársela y también el medicamento, de los fuertes.

Pasaba un día, pasaba otro y empezó a ir para atrás, es decir, a estar peor. Teníamos la esperanza de que superase todo aquello y no se le volviera a reproducir, pero no fue así, fue a peor cada hora que pasaba. Hasta que llegó un momento, el domingo pasado, en que no podía ni moverse; los ojos los tenía como nublados, sin expresión, como ido estaba ya. La única opción esta vez era terminar el sufrimiento y la agonía que estaba pasando, porque alargarlo mas serñia verlo irse poco a poco y sufriendo.

Así que lo volvimos a llevar al veterinario para no volvérnoslo a llevar...

Esta es la historia de un gatito muy especial, muy valiente, muy fuerte pero a la vez tan frágil como un cristal. Cariñoso como el que más, ya no está físicamente con nosotros, pero siempre estará ahí de alguna manera, porque nunca lo olvidaremos.

Y la pregunta retórica es: ¿cómo se puede llegar a querer a un animalito de esa manera? A tener una conexión tan grande que no te puedes desprender de él ni él de ti... Es algo casi imposible de explicar, que si no lo vives no lo comprendes; son sentimientos de verdad. Llegan hasta ser como personas, es tanto el cariño que te dan y el que les puedes llegar a dar. Se convierten en algo tuyo, un trozo de ti.

CARTA PARA PUSSY:

Profundidad en tu mirada encontraba en tus ojos azules cada vez que volvía mi mirada hacia a ti, preciosos, grandes, que decían tantas cosas. Ese pelaje que te hacia único y ese rabito siempre mirando arriba, tus ronroneos, tus delicados maullidos y el amor y el cariño que desprendías con tu calor siempre a nuestro lado.

Me gustaría haberme podido despedir de ti, todavía no me creo que te hayas podido ir de esa manera. No me lo puedo creer, prefiero pensar que estarás metido en algún armario como siempre hacías; abrías las puertas con tus patitas peludas hasta poderte esconder allí para dormir la siesta…

Son tantos los recuerdos que tengo de ti que no sabría qué contar para que todo el mundo supiera que eras tan especial y único, tanto para mí como para tu ama o tu mamá mejor dicho, porque para ella eras y siempre serás su niñito, el osito amoroso que te llamábamos.

Tenía la esperanza de verte recuperar, de verte bien y sano otra vez... Pero yo se que, estés donde estés, estarás descansando y bien. Siempre estarás ahí, en nuestra memoria. Nunca te olvidaremos, Pussy.

06-05-2004