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Empezando de nuevo

Almabania

Gracias a la insistencia de una buena amiga hoy disfrutamos de la compañía del precioso Rocco, aunque nunca sustituirá a Silvestre... Hace unos meses compartí con vosotros mi dolor al perder al pequeño Silvestre, el gatito de mi hija. Aún me produce dolor ver sus fotos, colgadas en las galerías de esta web, a pesar de que ya tenemos un nuevo "bebé" en la familia. Quiero dar las gracias a todos los que habéis escrito un hermoso comentario sobre él, y deciros que, aunque no tuve fuerzas para contestar entonces, vuestro aliento sirvió para que remontáramos esos duros momentos.

Desde entonces nos han pasado muchas cosas, que quiero compartir de nuevo con vosotros.

Mi amiga Linda se empeñó en que debía tener de nuevo un gato. En aquel momento tenía en su casa una gatita de menos de un año, Bolita, y un gato callejero al que llamó Gatazo, que más que vivir en su casa la visitaba diariamente, al olor de la comida y de la gata. Se trataba de un hermoso gato blanco salpicado de manchas negras, sospechosamente parecido a Silvestre, por lo que mi amiga no hacía más que nombrarme las maravillas del gato, lo limpio que era, lo cariñoso y bien educado que estaba...

Después de dos meses sucumbí a la tentación, y Don Gatazo pasó unos días de visita en nuestra casa. Y digo pasó de visita porque al tercer día, una vez que nos hubo marcado a todos, que se hizo con la casa y con nosotros, decidió que las vistas de la ventana no le gustaban y que eso de no poder largarse de juerga no iba con él (vivo en un segundo piso, y no me atrevía a abrirle la ventana). Don Gatazo volvió a la casa baja de mi amiga, pero en cuanto pasó el celo de Bolita ya no regresó nunca más. Y es que la gatita se quedó preñada, con lo que mi insistente amiga volvió al ataque: que si es mejor tener un gatito desde que es pequeño, que qué iba a hacer ella con tanto gatito en casa...

En fin, que cuando se propone algo no para hasta conseguirlo, y se había propuesto que, fuera como fuera, tuviéramos un gato.

Bolita parió el 21 de enero cinco hermosos gatitos: dos negros, dos blancos y uno rayado. Linda insistía: "Ven a verlos, es muy bonito verlos con la mamá, son muy graciosos, verás como te gustan". Yo rehuía el momento después de las experiencias anteriores, hasta que, al fin, no me quedó más remedio que claudicar. Solo con ver al pequeño de rayas me enamoré, tanto, que antes de traerlo ya le había comprado todo lo necesario y más para que fuera el más feliz de los gatos: cesto, pienso especial, cajita de arena, juguetes... Una locura.

Rocco, antes Rayas, comparte nuestras vidas desde el 22 de marzo, día en que Linda me lo regaló con un lacito rosa al cuello y metido en una papelera blanca. Se le ve feliz, juguetón y cariñoso; es como si la casa se hubiese llenado de repente de alegres campanillas de colores, y confío en que podamos compartir con él muchos años de vida.

Gracias de nuevo por vuestras palabras de ánimo. No olvido a Silvestre, pero adoro al precioso Rocco.

06-05-2003