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Gatoso amado

Andrea Ayala

Un día, a fines de octubre del año 2002, llegaste a mi vida en una tarde fría. Estabas en el patio de la casa que arrendaba, chiquitito, recién nacido. Te puse en una caja con una lámpara de calor ya que todavía no abrías los ojos y no caminabas, y te di leche Mami, que es para perros y gatos recién nacidos.

GatosoDormías después en una maleta abierta con la luz y la leche te la daba con un gotario. Eras del porte de mi pequeña mano, eras mi primer gato o gata, no sabía, yo pensaba que eras gata. Después te daba la leche por jeringa y después en mamaderas, pero cuando tenías dientes rompías los chupetes con tus pequeños colmillos. Abriste los ojos y comenzaste a caminar, al principio de lado y te caías, y después se te fueron desarrollando las patitas y lograste caminar.

Cuando tenías un mes me dijeron que eras gato y me sentí superextraña, porque yo te decía mi niña, y después comencé a decir mi niño. Eras mi gato regalón, mi guagua. Jugábamos, dormías conmigo. Cuando llegaban a la casa mis hermanas comenzabas a llamar la atención y te ibas a la pieza como enojado porque tenía visitas.

Comenzaste a crecer y te pusiste hermoso. Desde pequeño dormías en mi pecho y hasta grande lo hacías igual. Te escondías debajo de las tapas de la cama y cuando llegaba de mi trabajo te buscaba y veía un bulto en la cama y ahí estabas, mi gato amado. Me ronroneabas, me mordías los pies suavemente.

Cuando me duchaba entrabas al baño y me mirabas y jugabas con el agua. Tomabas agua en el lavamanos, te subías y comenzabas a decir miau-miau. Yo sé lo que querías. Fuimos a Valparaíso. En ocasiones tu lugar de refugio era mi pieza de soltera y te quedabas por horas debajo de las tapas de la cama.

Gato amado, me diste momentos de alegría y momentos de tristeza. Cuando peleabas con los otros gatos yo te curaba o te llevaba al veterinario. Mi mamá se acuerda de ti por que les rompiste todas las cortinas de la casa, y nos sacamos una foto hermosa con muchos familiares y también fotos en que estábamos los dos.

Mi Gatoso amado, cuanto llegó la gata te enojaste conmigo y no querías que te tocara. Fue como dos semanas, y luego dormías con la gata porque era más pequeña, y jugaban y peleaban, y salían al techo de la vecina a tomar sol. Y le enseñaste a la Gatosa a pelear con otros gatos. Eras mi preocupación.

Mi vida, mi guagua, lamento haberme cambiado de casa. Nos fuimos los tres a un departamento en unos condominios a Coquimbo. Estuviste con nosotras cinco días, pero en ese tiempo volviste a tu niñez: me mordías los pies, dormías en mi pecho o al lado mío con la Gatosa, te escondías debajo de las tapas de la cama, me rozabas las piernas; eras un bebé nuevamente y ya tenías cinco años conmigo. Para la Navidad no te faltaron tus regalitos y a la Gatosa también. Te encantaba el atún, el pollo, el jurel, la palta y el chocolate. Siempre fuiste muy importante en mi vida, mi compañero y Gatoso amado.

Una día de agosto a las 10 h, una semana antes de mi cumpleaños número 32, saliste con la Gatosa como lo hacías siempre. A la hora la Gatosa me rasguña la puerta y entra corriendo asustada y tú no venías con ella. Te llamé muchas veces, pero el error que cometí fue que no salí a buscarte porque era tarde. De noche no dormí nada, y cuando amaneció te fui a buscar por todos lados. Les pregunté a los conserjes si te habían visto; fui a una construcción que estaba cerca y les pregunté por ti y nadie te había visto. Puse carteles en todos lados con tu foto, dirección y teléfono, con recompensa, y nada. Salí a buscarte caminando y en auto, pero Gatoso no estaba por ningún lado. Fui a un lugar donde la gente deja a sus animales muertos y no estabas. Desde ese día mi vida cambió.

GatosoTengo un vacío muy grande. No sé qué te pasó, Gatoso mío, y te sigo buscando. Me cambié de departamento porque no podía estar ahí sin mi Gatoso amado. La Gatosa por tres días no comió y se sentaba sobre la mesa del comedor y miraba a un punto fijo y lo salía a buscar nuevamente. Regresé a la casa anterior por si había llegado allá, pero nunca llegó. Cada vez que paso por ese lugar me angustio y me pongo a llorar. El Gatoso era mi familia, yo lo amo todavía y lo amaré por siempre.

Ahora tengo a la Gatosa a mi lado y gracias a ella me he podido mejorar de la pena que me causó la ida de mi Gatoso. Siempre me pregunto dónde estará, si lo cuidarán bien y comerá bien, si estará con gente buena. Gatoso no puede estar en la calle porque era gato de casa y no sabía andar con autos por todos lados.

En la espalda me tatué a mi Gatoso. Quedó igual a él, parado en dos patitas persiguiendo a una mariposa. Yo le doy un significado: Gatoso se fue detrás de la mariposa y no supo regresar.

¿Dónde estás, mi amado Gatoso? Esa es la pregunta que siempre me hago al acostarme y al levantarme. Yo creí que Gatoso llegaría a ser un gato viejo y que estaría a su lado cuidándolo siempre. Gatoso, en el lugar que estés siempre te voy a amar, eres mi gato y siempre estarás en mi corazón y en mi mente. Espero encontrarte un día, te amo mucho y te extraño. Te mando muchas caricias, y si estás vivo ojalá que estés con gente buena que te quieran y te den tu comida favorita.

Chao, Gatoso amado. Algún día nos encontraremos. La Gatosa te extraña y te quiere mucho. Adiós, Gatoso amado.

Tu mami Gatosa.

03-01-2009