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Historia de Tito y Pinto

Alicia Leal

Este es el relato de un verdadero caso de amistad y amor entre dos gatos que nada tenían que ver el uno con el otro.

Pinto nació en el patio de mi casa, y con el tiempo la madre se separó de ellos, como es natural. Mi madre empezó a darle comida así que se quedó con nosotros. Lo llamamos Pinto, porque es blanco con negro, y tiene los ojos verdes muy lindos.

Hacía mucho tiempo que no tenía una mascota, y Pinto no se dejaba tocar por nadie, así que decidí adoptar a un pequeñín que llenara ese espacio. Una de mis sobrinas me trajo uno. De primera vista no me gustó mucho; era color amarillo clarito con blanco y estaba sucio, flaco y además era muy llorón y maullaba por todo. Pensé que por lo menos esa semana no me dejaría dormir, pero el minino resultó todo un estuche de gratas sorpresas.

Lo llamamos Ga-Tito, un nombre que tenía en mente desde que lo vi. Los que lo queremos solo de decimos Tito. Le conseguí una canasta con algunas telas para que durmiera, que no utilizó, pues prefería dormir conmigo para poder despertarme justo a la hora en que tengo puesta la alarma del reloj; por nada del mundo permite que llegue tarde al trabajo. Es como un relojito vivo lleno de pelos.

Nunca pensé que los mininos llegarían a ser tan grandes amigos. Tito siempre ha tenido trato con los humanos y le agrada ser mimado, mientras que Pinto no permite que lo toquemos. Muchas son las anécdotas que tenemos de ellos, pero una muestra de amistad verdadera estaba por verse.

Una noche de invierno Tito estuvo llorando; entraba y salía de la casa sin que yo pudiera entender la razón. La ventana estaba abierta, así que tanto Tito como Pinto entraban y salían a cualquier hora. Como era invierno acondicioné un lugar para que Pinto durmiera dentro de la casa, pero esa noche no llegó y Tito estaba muy inquieto. Al día siguiente Tito guió a mi hermana hasta cierto lugar del jardín donde descubrió a Pinto mal herido. Creo que toda la noche Tito trató de decirme que su amiguito estaba lastimado, pero yo no le entendí. Como el golpe que tenia era solo en la cara se fue corriendo, no pudimos atraparlo para llevarlo al doctor.

Se perdió por unos días, pero una noche de tantas entró otra vez por la ventana. Me levanté para darle un poco de agua y pude ver que estaba muy lastimado. La barbilla le colgaba, pues se le había desprendido, y en el ojo tenía un derrame tremendo. Además no podía respirar bien, ya que posiblemente la sangre o la inflamación le obstruían la nariz y mantenía el hocico abierto para respirar, con lo que la saliva se le escurría. Tomó mucha agua y salió por la ventana.

Le sugerí a mi mamá que le preparáramos calditos o papillas bien molidas, por si volvía, para que no tomara solo agua. Así lo hicimos y poco a poco Pinto recuperó la salud. Durante toda la convalecencia vivió dentro de la casa y Tito se dedicaba a cuidarlo; no lo molestaba en lo más mínimo, ni para jugar, y estaba mucho tiempo cerca, siempre al pendiente de su gran amigo. Aunque desde entonces parece que Pinto no ve bien con el ojo que tuvo lastimado, nos consuela saber que no lo perdió. Y sobre todo que sigue vivo.

Me gusta mucho verlos caminar como si nada por las ramas de los árboles, correr por el patio, entrar y salir de la casa. Me gusta verlos paraditos en la puerta tratando de ver hacia dentro, esperando para entrar a comer.

Los gatos son fascinantes, inteligentes, graciosos, misteriosos y cautivadores, además de ser muy expresivos. Te demuestran su cariño y fidelidad de muchas maneras, y no permiten que los traiciones; son celosos y posesivos porque su entrega es total y esperan lo mismo de sus amos.

Yo quiero mucho a Tito y a Pinto y espero que esta historia continúe por mucho tiempo. Espero que esta historia de amor y amistad entre nosotros tres no se termine.

14-08-2002