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Iris, Polvorita, Sasi y Malcom

Pilar Rodríguez

Iris, Polvorita, Sasi y Malcom son los cuatro gatos por los que sigo viviendo. Cada uno tiene su historia, y quiero rendirles homenaje aquí, igual que a dos gatas que tuvimos cuando yo contaba 14 años de edad y desaparecieron en una casa que teníamos en la sierra. Jamás me olvidaré de ellas.

Iris, Polvorita, Sasi, MalcomHace doce años quería una gatita y no había tantos gatos abandonados como ahora, así es que la compré. Es siamesa y se llama Iris. Me ayudó, y de qué forma, a superar una tristeza infinita por problemas. Era lista a rabiar y lo sigue siendo, muy juguetona y preciosa como todos. Cuando la compré estaba con una hermanita y siempre me acuerdo y me arrepiento de no haberme traído a las dos.

Nos cambiamos de domicilio cuando ella tenía un año, y en este pueblo empezamos a ver a algunos gatos abandonados a los que mi madre y yo alimentábamos. En una ocasión echaron a dos gatitos por la zona donde dábamos de comer, uno de ellos Polvorita, una gata tricolor de cinco meses, que cuando mi madre le ponía comida, en lugar de comer se iba detrás de ella. Su hermano desapareció enseguida, pero a ella decidimos que nos la llevábamos a casa. Es buenisíma y supercariñosa y ahora tiene 8 años.

Iris, Polvorita, Sasi, MalcomEn cierta ocasión, poco tiempo después, íbamos para casa y vimos a un gato bastante grande maullando debajo de las tanquetas de la basura. Lo recogimos, pero como mi padre no me dejaba tener más gatos le llevé a una clínica veterinaria. Se lo quedaron por una noche y nos dijeron que tenía una herida en el iris del ojo y que no tenía uñas. Al día siguiente le llevamos a un refugio o no sé qué llamarlo, porque eso parecía una cárcel turca de animales. Después me he enterado de que está denunciado por bastante gente, aunque por desgracia sigue abierto. Nos dijeron que tenían veterinarios que le mirarían, pagamos por dejarle y nos fuimos llorando.

Al mes justo nos dice una amiga, una señora que echa de comer a los gatos de la calle, que habían visto a una gata siamesa con la pata delantera mal, supusimos que de un accidente. Nos dijo que por favor la lleváramos a ese sitio, porque en la calle era más peligroso para ella, y cuando fuimos quisimos ver al gato que habíamos llevado anteriormente. Estaba dejándose morir, muy delgado y con rinotraqueitis; llovía y no se escondía de la lluvia. Decidimos que así no podía estar y lo trajimos a casa sabiendo la bronca que nos esperaba por parte de mi padre, y llorando por dejarnos a Sasi allí.

Iris, Polvorita, Sasi, MalcomCuramos al gato y se lo quedaron unos amigos que vivían en un chalet. Ya ha muerto, y no me olvidaré de él jamás, como de ninguno de los que he visto y han pasado por mi vida. Este gato se llamaba Silvestre y mi padre le cogió bastante cariño, pero Iris no lo toleraba en absoluto y decidimos darlo en adopción. En seguida fuimos a por Sasi, que salió de allí embarazada, con el brazo fatal, ya que se lo habían doblado, o mejor dicho, tronchado por tres partes, y tenía el hombro fuera de su sitio aunque anudado. Nos dijo la veterinaria y también otros veterinarios que no tenía solución, y además era ya bastante mayor. Creemos que tiene 15 o 16 años y lleva ya siete con nosotros y ha pasado varias mudanzas. Es buenísima, y cuando cambia el tiempo le tenemos que dar antiinflamatorios por lo del brazo.

Después vino Malcom, un gatito negro que cuidaba mi padre en un huerto y que estaba muy enfermo. Mi padre no pudo seguir viéndole así y le trajo con cuatro meses. Le llevamos al vete y nos dijo que tenía una rinotraqueitis fuertísima; además empezó a caérsele el pelo y tenía hongos por todo el cuerpo. Mi padre dijo que cuando se curase lo diéramos en adopción. Nos llamaron y una chica bastante maja se lo llevó, pero no pudimos olvidarnos de nuestra panterita, así que fuimos a buscarlo. Ahora es un gato grande y precioso de tres años.

Un saludo, Pilar.

10-09-2008