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Karbón el gato... Mi gato, nuestro gato

Mónica Naranjo. Medellín, Colombia

La verdad, nunca me habían interesado los felinos, mi amor siempre estuvo en el lado canino... hasta ahora. Estaba desesperada porque hacía dos meses teníamos un ratón en casa y por más trampas que pusimos no se iba. Entonces una amiga me aconsejó que consiguiera un gato y me acompañó a un centro de adopción.

Le dije a la veterinaria que necesitaba un gato grande, pero como no tenían en el momento me resigné a ver gatos pequeños. Me gustó uno gris y blanco y dije que me lo llevaría, con tan mal suerte que el gatito resultó enfermo y no me lo podían dar... Pero la veterinaria me dijo que tenía una camada de gatitos negros que acababan de encontrar abandonados.

¿Negro? Pensé que no me gustaría para nada tener un gato negro..., pero el problema con el ratón me hizo tomar una rápida decisión. Además pensé que no era importante que el gato fuera pequeño, porque al fin y al cabo el ratón olería a gato y se espantaría.

Llegué con Karbón a casa y todos lo miraron con menosprecio... Le compré la arena, la comida, le puse las vacunas y en menos de ocho días amábamos todos a esta bola negra de orejas puntudas y larga cola. Nos peleábamos por dormir con él, por ponerle adornos en el cuello, por jugar... El ratón se murió de viejo porque a Karbón no le interesaba para nada el roedor aquel, pero este gato se quedó con todas las ovaciones y el cariño.

Mi gato, perdón, el gato de mi hijo, no, el gato de mi mamá..., en fin, nuestro gato tiene una personalidad que se sale de toda norma y contexto. Juega a escondidas, juega a fútbol, juega con los peluches y los acobija, se cree el hombre araña y salta por una pared totalmente lisa, parece un bebé y llora para obtener algo, sabe abrir las puertas de los armarios para sacar las medias y los cordones, que le encantan, se muere por todos los envoltorios de dulces o pastillas que suenen y sean de colores, le gusta que mi mamá le dé la comida de su mano y si ella no está hace huelga de hambre para que alguien más le dé de su mano, está pendiente de quién toca la puerta y sale a recibir a todos los visitantes con un ronroneo de bienvenida, ¡y no sabría describir todas las poses que tiene para dormir o descansar! Con las patas abiertas boca arriba y con la cabeza colgando de un extremo de la cama...

Es un gato panzón, peludo, con los ojos amarillos más hermosos que nunca he visto. Lo amamos, no tenemos solo una mascota sino compañía, fuente inagotable de risas y asombro, fuerza que une a la familia y amigos a su alrededor...

14-01-2011