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La historia de la gatita de Historia

Pura

Se llama Minina-Filo y vive en la Facultad de Historia y Filosofía de la Universidad de Barcelona. Acaba de pasar por un trance muy difícil. Hasta ahora ha sido una gatita con suerte, y parece que la sigue teniendo. Al fin todo ha terminado bien.

En su cartilla dice que es hembra, común europea, y que tiene aproximadamente cuatro años, pues nadie sabe exactamente cuando nació. Tampoco se sabe dónde, si tenía hermanos, quién la amamantaba… De ella sólo se sabe que un día entró en la Facultad de Historia y Filosofía de la Universidad de Barcelona y allí se quedó. Crió. Tuvo cuatro preciosos gatitos que encontraron hogar en casa de algunos trabajadores del centro, docentes y no docentes, todos gentes de bien.

Minina-Filo tiene su silla reservada en el aula de informática, pues le gustan mucho los desconectadores de pantalla, y cada día cumple con su hora de "clase" frente al ordenador. Es una gatita muy aplicada. Es muy fácil verla; en cualquier momento del día (cuando no está en clase), allá está ella, durmiendo en los bancos del hall o del pasillo principal. Si es la hora de salida de clase y pasan cientos de alumnos por ahí, pues bueno, ningún problema, ¿porqué habría de inmutarse?, quizás mejor, más probabilidades de que caiga un mimo…, pero desde luego, irse de allí, ni hablar.

Hará cosa de un mes Minina-Filo apareció con una herida grande y de aspecto feo: había tenido un encontronazo con un perro y salió malparada. Rápidamente visita al veterinario, y allí se produce el drama. Como parte del tratamiento, para atajar la infección, se le administra un antibiótico y ocurre lo que nadie podía esperar: la gatita es alérgica al antibiótico que le han inyectado. La reacción que le produce es tremenda, la deja al borde de la muerte, y queda ingresada en la clínica veterinaria pendiente de lavados de estómago y operaciones si logra superar el shock inicial, cosa que de momento no parece evidente. El tratamiento, además, será muy caro.

En una semana en las huchas que se colocan en los mostradores de conserjería se recoge algo más de lo necesario para sufragar los gastos de la hospitalización, gracias a la contribución anónima de tantas de las personas que frecuentan el lugar. (La factura, con descuento y todo, sobrepasa los 375 euros).

La gatita ha adelgazado, está baja de defensas (tuvo una complicación en las encías como consecuencia, etc.), pero ya todo pasó. Ahora está curada, convaleciente, siguiendo tratamiento “de engorde”, y… lo más importante de todo:

¡Ya está de nuevo en casa, o sea, ya está de nuevo en los pasillos de la facultad!

17-11-2002