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La historia de Lolo, que acaba de empezar

Mary

Estimados amigos: quería contarles cómo Lolo llegó a mi hogar. ¡Un gato!, exclamé cuando mi hermana me trajo a esa pequeña cosita en un transportín, con solo dos meses. Había ido a buscarla al aeropuerto y me tenía preparada la supersorpresa.

Yo acababa de comprarme una casa y aún estaba en esas cosas de mudanza, viviendo en casa de mis padres, mi casa entonces. Le abrí el transportín y salió de él con su carita de susto y sus enormes ojazos color miel, mirando a mis padres que estaban un poco asustados –llevaban 27 años abortando ideas de animales porque en los pisos, según ellos, no se tiene animales. Y aquella cosita todo el rato miau, miau, miau, miau. Yo creo que echaba de menos a su mamá. Empezó a dar vueltas por todos sitios y yo, enamorada perdida, a perseguirlo por la casa.

Por las noches el chinijo se subía a mi cama y poco a poco iba a colocarse en mi cabeza, hasta que yo –un poco acojonada por el enano ese– lo dejaba en el salón encerrado para poder dormir sin tener que pensar dónde estaba el gato.

Nos hicimos amigos de verdad cuando nos instalamos en casa. Desde ese momento nunca más me ha dejado sola y, por supuesto, nunca le he dejado encerrado –menos cuando lo castigo, castigo que no dura más de 10 minutos que él soporta pasando de mí y haciendo como que le da igual. Lolo y yo cazamos juntos: cuando pulula una polilla por casa ya estoy llamándole y no tarda ni 30 segundos en llegar, mirándome como diciendo: "¿Dónde, dónde?"

Se mete en la ducha conmigo y cuando ve que no puede controlar el agua me espera pacientemente encima del bidé. Duerme en el huequito que le dejo entre la almohada y la pared. Me roba las aceitunas, ¡qué cosas!, el tío es adicto, le encantan. Incluso creo que se pone un poquito celoso cuando mi novio se sienta al lado mío y le quita el sitio.

He estado leyendo las historias que los chicos envían de sus gatos, del recuerdo cuando ya no están y me muero de la pena, no concibo estar sin Lolo. Es actualmente mi mejor amigo y, como bien he leído en un correo en su página, cuanto más conozco al ser humano, más le quiero.

Gracias por todo, por darnos un hueco para ellos, nuestros compañeros.

Un beso.

20-07-2007