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La historia de mi gato Tigre

Marlene

Os relato de manera muy resumida cómo, después de toda una vida deseando tener un gato a mi lado, de manera casual encontré a Tigre, a quien quise desde el primer momento en que vi su carita.

El día 1 de julio de 1996 iba con algunos familiares paseando por el césped de la urbanización donde veranemos. Por ahí siempre hay muchos gatos que en tiempo de verano, sobre todo, están fenomenalmente atendidos por muchas personas a las que, como a nosotros, les gustan los animales. Entonces nos salió al paso un chiquitín de apenas un mes, con toda la cara manchada de sangre; luego me enteré de que unos "niños" le habían pegado. Era un saquito de huesos, el pobre. Tanta pena nos dio que todos al unísono dijimos que había que llevarlo a casa. Cuando fui a cogerlo, erizó todos los pelos del cuerpo y me sacó los dientes, así que le tiramos una toalla por encima y lo cogimos como en un saco.

En casa lo pusimos con unas mantas en el bidet (pobre, era tan chico). Estaba tan flojillo que ni maullaba, parecía que no oía ni veía. Tras dos o tres días decidimos bajarlo al césped a ver si alguna gata se le acercaba, pero fue inútil, así que otra vez arriba con él.

Al cabo de una semana, en vez de darle leche con la jeringa, le arrimamos una lata de atún, y ¡milagro!, revivió y empezó a comer como un tigre. Así que ya recuperado lo llevé a un veterinario, lo reconoció y me dio los primeros consejos. También me preguntó qué nombre iba a ponerle y le respondí que Estrellita (pensaba que era una hembra), y me dijo el vete: "Pues tendrá que ser Lucero, porque es un macho". Así que pensé: pues se va a llamar Tigre (por cómo ha devorado el atún).

Ya recuperado, pasaban los días y mis padres me decían que el verano se acababa y a casa no se venía el gato, que lo bajase con los demás. A mis padres les gustan los animales, no quieren que nada les pase, pero no eran partidarios de tenerlos en un piso, de tal manera que pasé todos los días llorando y rogando que no me obligaran a deshacerme de mi chiquitín (¡llorando una mujer de 29 años!).

En resumen, el Tigre se vino a casa y hasta ahora. Mi padre (ya ha muerto el pobre), que no quería antes tenerlo, lo llegó a querer enseguida con locura. Cuando iba a dormir la siesta o por la noche, siempre lo hacía con el gato. También era quien más jugaba con él y cada día le traía chuches y juegos.

Para terminar os diré que a los dos años a Tigre le diagnosticaron FUS, pero nunca ha recaído, solo debe tomar siempre su pienso especial y nada más; pero este verano ha estado muy malo, a punto de morir por una insuficiencia hepática que ha tenido a raíz de haber dejado de comer durante mucho tiempo por un susto que se llevó. Pero esto os lo contaré en detalle en otro capítulo.

09-12-2003