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La historia más triste que he vivido con un gato

Xochitl

Esta historia que les voy a comentar me sucedió hace ya dos años. Resulta que yo tengo a Kitty, mi gata, de hace ya diez años, es muy linda ella. Vivo en un departamento y mis vecinos saben mi afecto hacia los animales y en especial los gatos. Si me los encuentro huerfanitos los adopto, ya sean gatos o perros, y les busco un hogar.

Un día tocaron a mi puerta dos niños asustados. Les pregunte qué pasaba, y muy angustiados me platicaron que habían logrado rescatar a un gatito de unos señores que los estaban matando, así que los niños les pidieron al único sobreviviente. A mí me dio tanto coraje.

Cuando pregunté por el gatito, uno de los niños abrió las manitas, que las sostenía sobre el pecho, y vi un diminuto gatito, yo creo que tenia a lo mucho una semana. La verdad, pensé que no iba a sobrevivir, mas no perdí la esperanza, así que, como no podía saber quién era la madre, decidí quedármelo. Mi mamá no quiso, ya que siempre adopto animalitos por temporada en lo que consigo un hogar y acababa de regalar a dos perros a los que salvé de que se los comieran las pulgas. Mi mamá los bañó porque cuando los llevé hormigueaban de pulgas y tenían muchas heridas en la piel, así que ella, molesta, me indicó que no, que ya tenía yo suficiente responsabilidad con Kitty mi gata, así que logre que una vecina lo cuidara.

Mientras, yo trataba de comunicarme con la veterinaria para que me dijera la receta de la leche preparada que se les da a los mininos recién nacidos, pero no pude encontrarla y sus ayudantes no supieron decirme.

Así que iba a ver al gatito a casa de mi vecina. Al segundo día me dijeron que no quería comer nada, y me di cuenta de que le habían dado leche en caja, cosa que para ellos es pura agua, nada de nutrimentos, y la leche que aún tenía en el biberón estaba echada a perder. Asustada, me lo llevé a casa y logré preparle la receta de leche que ya me había dado la doctora. Kitty, mi gata, logró compadecerse de él y lo adoptó. Al principio no lo quería y le gruñía, pero le dije que era un gatito huérfano y que si no me ayudaba se iba a morir. No sé si me entendió, mas se compadeció del minino y de repente sin darme cuenta lo tenía bien abrazado, le habia dado un baño y el gatito se aferraba a ella, buscándole leche, pero Kitty no tenía y no podía más que estar con él.

Pronto Kitty no se quitaba de su lado y dormían juntos. Yo le daba de tomar la leche preparada mas de momento no quería. Esa noche acomodé una caja de madera y la Kitty y el pequeño durmieron en mi recámara. De repente me levantó la angustia y vi que el gatito estaba muerto, ya sin vida. La verdad, me dijo la doctora que era casi imposible que sobreviviera, ya que era demasiado pequeño.

Aun muerto el gatito, mi Kitty lo lamía como tratando de despertarlo y lo lamía y lo lamía, pero el gatito ya no despertaba. Lloré mucho y sentí que no había hecho lo suficiente para que sobreviera; mi hermana se levantó y al darse cuenta lloró también. Esa semana solo pensaba en el gatito y me sentía mal, llena de coraje porque no pude hacer nada.

Una amiga de mi mamá me dijo, a modo de consuelo, que había sido la mejor manera de morir para el gatito, ya que murió en el calor que Kitty le dio, y que había muerto sintiendo el cariño de mi gata, así que le agradecí tanto a Kitty que ayudase a morir al pequeño. Le busqué un lugar especial para enterrarlo, un pequeño prado donde jugaban los niños, esos niños que a cada rato preguntaban por él y que al saber lo sucedido se pusieron igual de tristes. Recuerdo que uno le había llevado galletas, pero le dije que aún no podía comerlas.

Así que a ese gatito lo recuerdo mucho, ya que fue el primero que se me murió. Los demás han logrado salir adelante; claro, este fue el más pequeñito, cabía en la palma de mi mano. Pero estoy segura de que está en el cielo de los gatos.

Esa es la historia. Desde esa vez, cuando adopto gatitos callejeros y Kitty los recibe bien, al principio se encela pero siempre termina siendo su mamá, aunque esas son otras historias que después compartiré con ustedes.

28-05-2003