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Mancha, mi vacuno cazador

Helena

El día en que llegaste a casa para hacerle compañía a Monguino (hermano de camada) estabas muy asustado. Te trajo el abuelo en una caja de cartón y debiste de pasar mucho miedo. En casa, enseguida Mongui te aceptó, pero en cambio nos costó conseguir que tú te acostumbraras a él.

Pasaste unos quince días en que ni te acercabas a nosotros, pero el tiempo hizo que te dieras cuenta de que nosotros éramos tu familia y poco a poco fuiste pidiendo muchos mimos, sobre todo a tu mami.
Fuisteis creciendo los dos y tú siempre fuiste el primero en explorarlo todo alrededor de casa. Embaucaste a Mongui para que te siguiera allí donde ibas, cuando a él le encantaba estar jugando en el jardín, pero quería estar contigo y te seguía adonde fueras.

Siempre que llegaba a casa después del trabajo te ibas a explorar la ladera que está por encima de casa y visitabas al vecino de los cuatro gatos con los que jugabas mucho, comías y hasta dormías a veces. Regresabas a la noche y entrabas por la ventana que te dejaba abierta. Me diste más de un susto cuando no regresabas esa noche y venías al día siguiente y te encontraba durmiendo en casa cuando regresaba del trabajo.

Luego vino Gofio (nuestro perro) y ya no quisiste jugar más en el jardín, aunque intentaste ser su amigo cuando te sentabas delante de él para acortar distancias. Pero Gofio, todo un niño pequeño, no te entendía y salía corriendo detrás tuyo para jugar, lo que a ti no te gustaba.

Luego empezaste a cazar conejos, casi no me lo creo cuando me lo contó el vecino. Cuando llegabas de tus cacerías me llamabas por la ventana de nuestro dormitorio para que te la abriera, ya que tenías miedo de entrar por la de siempre porque allí estaba Gofio.

Pero un día ya no me llamaste por la ventana, ni el siguiente, ni al otro y me asusté mucho. Te busqué por tu ladera, te llamé y pusimos carteles, pero ni rastro de ti. Después de una semana nuestro vecino me dio la mala noticia que me imaginaba: sus perros encontraron lo que quedaba de ti. Posiblemente habías comido algo que no debías, o algún cazador debió de dejar algo para que no cazaras sus conejos o algún vecino que os odia, ya que han aparecido otros gatos envenenados.

Todos nos quedamos muy tristes y la casa se quedó muy vacía sin ti. Monguino te buscó mucho la primera semana, pues venía muy tarde a casa y maullaba todo el rato que estaba dentro. Ahora ya no está solo: el vacío que dejaste en casa lo ha ido rellenando Huguiro, un sobrinito tuyo que acompaña mucho a Mongui, que ya no sale tanto a explorar, pues alguien le espera para jugar, porque sigue siendo un niño grande.

Te extraño mucho y me gustaría oírte entrar por la ventana y venir corriendo a mí para decirme que ya has llegado. Chiquitín, siempre serás parte de esta familia y de algún modo sé que estarás corriendo y cazando por tu ladera, a la que tanto te gustaba ir, mi querido Manchita.

Mami te quiere mucho y no te olvida.

28-11-2003