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Mi gatito Chatrán

Jesús. Lima, Perú

En diciembre del 2000, al bajar del bus que me dejaba en el paradero de mi casa, oí unos maullidos cerca de la pista. Me llamó mucho la atención, así que me acerque más y observé que alguien había abandonado a tres gatitos en una cerca de piedras. Al parecer llevaban horas, pues hasta tenían los ojitos cerrados por el polvo que había en esa pampa cerca de la pista.

Chatrán y sus hermanosLo que hice fue llevarlos a mi casa, donde hablé con mi mamá, quién estuvo de acuerdo en que se quedaran. Al final tuvimos que regalar a dos de ellos, pero nos quedamos con uno, al cual llamamos Chatrán, y que se ganó el cariño de todos nosotros.

A los siete años Chatrán presentaba malestares, como pocas ganas de comer, y se le notaba un bultito en la barriga. Le llevamos a su veterinario, el cual nos dijo que tenía un tumor y estaba avanzado y que no podía hacer nada, solo aplicarle unas ampollas para que sus últimos días no fueran tan duros.

Pasaron los días, unas cuantas semanas más, y Chatrán ya no comía nada, tan solo bebía agua. Eso me preocupaba mucho, así que tuvimos que optar por hacerle dormir. La verdad, preferíamos que no sufriera más y evitar que llegara el último día en que el cuerpo no le resistiera más.

Chatrán y su hijoChatrán era un gato bien cariñoso, a quien le gustaba que lo tuviéramos cargado en nuestras piernas cada vez que nos sentábamos a almorzar o cuando veíamos la televisión. Le gustaba darnos cabezazos, cosa que nos hacía mucho reír. A la vez había hecho su propia familia gatuna con una gata llamada Negra, la cual vive hasta hoy con nosotros, y había tenido una manada de gatitos. Pero tan solo nos quedamos con uno, llamado Mateo, que curiosamente tiene las mismas características físicas que su papá, pero muy diferente en su forma de ser.

Ese día en que mi tía llevó a Chatrán a la veterinaria a hacerlo dormir, antes de su partida estuve un rato con él para despedirme, y algo en mi dentro me decía que mi gato me estaba entendiendo. No sé muy bien como describirlo, pero lo último que le dije fue: "Algún día nos volveremos a ver", y él me miraba y bueno, tuve que dejar de mirarlo e irme a rendir una evaluación a la universidad.

Al regresar en la noche a mi casa, cuando ya todos dormían, fui donde estaba mi mamá y le pregunté –algo que estaba de más–: "¿Dónde esta Chatrán?", y me respondió: "Él ya no está". Me sentí realmente mal, y a pesar de que no suelo llorar ante nadie en esa ocasión no pude evitarlo y me puse a llorar, y mi mamá también lo hacía. Lo único que me consuela es saber que un día –ese día que solo Dios sabe– nos reencontraremos con Chatrán. Era lo que le decía a mi mamá.

Todavía extraño a Chatrán y cada vez que lo recuerdo me pongo a llorar y me hago esta pregunta: ¿por qué no pude notar los primeros malestares que mi gatito presentaba? Si lo hubiera sabido lo hubiera tratado a tiempo, pero bueno, Dios hace las cosas y por algo fue que las cosas sucedieran así.

Algún día nos volveremos a ver, Chatrán. Te quiero mucho.

(Fotos superiores: 1, Chatrán, en el centro, con sus hermanos. 2, Chatrán, a la derecha, con su hijo.)

ChatránChatrán

09-03-2009