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Mi Shandell de Popoiash

Daiana. Buenos Aires

Nunca había tenido mascotas, solo un perro cuando chica, pero lo cuidaba mi madre. El domingo 13 de diciembre de 2009, un día calurosísimo en Buenos Aires, previo a las fiestas navideñas, habíamos salido con mi novio Adrián a comprar algo para almorzar y en el silencio del día domingo nos llamó la atención el maullido estridente de un gatito.

ShandellNo sabíamos de dónde provenía. Hasta que lo vimos: medía poco menos que 30 cm y lloraba de hambre detrás de la cortina metálica de un local cerrado. Ni Adrián ni yo jamás habíamos tenido un gatito y nos daba miedo acercarnos. Finalmente, ante la negativa de Adrián, nos fuimos del lugar y mientras almorzábamos, yo sentía dentro de mí que tenía que volver a buscarlo.

Con la excusa de llevarle un poco de leche y comida (nada más), lo convencí de que me acompañara a ver al gatito y a deshacer las tres cuadras que me separaban de él y accedió. Le pusimos la comida y salió a comer. Luego volvimos a casa sin hablar una palabra. Yo sentía el pecho apretado y la necesidad de traerlo a casa. Adrián lo entendió y me dijo que si me hacía bien, perfecto, que lo traiga.

ShandellCuando llegamos el gatito ya no estaba y el plato de comida se lo estaban terminando un par de perros callejeros. Pensé: se lo llevó otra persona o se lo comieron los perros y se estaban terminando el postre. Pero de pronto maulló cuando nos vio, se había escondido detrás de la persiana metálica del local de al lado, la bulonera del barrio. No quería salir, estuvimos un buen rato tratando de sacarlo sin conseguirlo.

De pronto estacionó el coche el dueño del local, el bulonero, lo conocíamos de comprarle algunas veces. Se sorprendió de vernos un domingo en la puerta cerrada de su local y nos contó fríamente que habían dejado el viernes una caja con un montón de gatos en el portón de la carpintería de al lado y por lo que veía era el único que se había salvado de los perros callejeros. Como tenía que entrar a su local a buscar algo que se había olvidado, abrió y sacó el gato. Nos explicó cómo agarrarlo, agradecimos y nos fuimos a casa con el gatito en brazos. En los brazos de Adrián mejor dicho, porque yo no me animaba ni a tocarlo, me daba mucha impresión, sus huesitos tan chiquititos, todo flaquito, un tigrecito...

ShandellHoy ya hace más de dos años que es nuestra compañia, no nos separamos de él ni en vacaciones; el año pasado fuimos al sur en avión y nos llevamos a Shandell. No lo podíamos dejar, ¿con quién? ¿Quién le iba a dar nuestro cariño aparte de comida y agua? Está todo el día con nosotros que trabajamos juntos y en casa. Duerme con nosotros, está siempre limpio y perfumado de nuestras cosas, duerme en el placard, en mi silla, en mi cama. Donde estoy, está Shandell. Estoy feliz de haberlo conocido y de tenerlo conmigo, es mi compañia, lo adoro.

Me hice experta en gatos durante estos años, y hablando con Adrián en nuestras conversaciones no nos imaginamos la vida sin Shandell o sin gatos alrededor nuestro... La buena energía de Shandell inundó nuestra casa y nuestras vidas, colmándolas para siempre de felicidad.

04-03-2012