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Mi vida con Che

Graciela, México

Che estuvo conmigo 16 años y 10 meses. Llegó a mi vida cuando era un gatito bebé de dos meses. Yo vivía en la ciudad de México y viajaba a San Luis Potosí cada semana por motivos de salud de mi madre. Che iba en el automóvil conmigo cada fin de semana; era un viaje de cuatro horas. Así se acostumbró a viajar a donde yo iba.

CheEn aquel entonces estaba yo casada y después me separé y solo Che se quedó junto a mí. Siempre consolándome con sus caricias en la cara al dormir y al despertar, y con el clásico ronroneo al dormir siempre junto a mí, como diciendo: "No estás sola, me tienes a mí". Y así era.

Pasamos unos años maravillosos, cambiándonos de casa y algunas veces hasta de ciudad, y él siempre conmigo. Siempre fue muy sano, feliz y sinceramente consentido. Cuando yo salía a trabajar se quedaba en casa y veía la televisión. Yo la dejaba prendida para él... Y cuando oía mis pasos y el ruido de la llave salía a recibirme y a sobarse contra mis piernas.

Estuvo conmigo cuando perdí a mi madre y a mis hermanos. Siempre sabía si yo estaba triste o contenta y compartía mis sentimientos... No se separaba de mí ni para comer. Vivimos unos años extraordinarios. Mis hijas lo amaban profundamente y la gente que lo conoció también.

En diciembre del 2010 fuimos en avión a Filadelfia a pasar las Navidades con mi hija y allá enfermó de las vías respiratorias. El doctor dijo que no tenia remedio... Nosotros lo cuidamos y yo hablé con él. Le dije que regresaríamos a nuestra casa de México y que ya no íbamos a viajar, que ya estábamos grandes y cansados, que me diera algo de tiempo.

Volamos de Filadelfia a Houston y de Houston fuimos a San Luis en coche (son 14 horas de viaje). Ya lo habíamos hecho en otras ocasiones, haciendo escala en algún hotel para descansar, y habíamos sido muy felices.

CheLlegó algo cansado y estuvo sin comer dos o tres días, y luego mejoró a finales de febrero de 2011. El 21 de marzo por fin llegamos a nuestra casa y tuvimos una vida linda y llena de amor, tanto de mi parte como de la de él. Ahora hacía lo que quería; salíamos a pasear en las noches, que era lo que a él le encantaba...

El 1 de junio comenzó a dejar de comer. Lo llevé al médico y dijo que el hígado y los riñones no le estaban funcionando. Después de hacerle unos análisis de sangre dijo que lo dormiría, pero yo dije que Che se merecía otra oportunidad...

Lo estuvimos cuidando de día y de noche mi nieto y yo, dándole de comer y beber con jeringa, hasta que el lunes 6 de junio mi Che amaneció muy mal. Estaba muy cansado y no podía más. Yo sentí que había cumplido conmigo con todo el amor que me dio, y que yo le debía una... Agonizaba y el médico me explicó que podía durar sufriendo así dos o tres días. Con el dolor de mi alma lo llevé, lo durmieron y se fue en mis brazos.

No pude asistir a su cremación, pero Che está aquí conmigo en mi casa, y su presencia y todo el amor que me dio están en mi corazón.

No sé si alguna vez pueda tener otro gatito. Me gustaría porque amo la prestancia y la dignidad de los felinos, pero el lugar de Che nadie podrá ocuparlo.

Gracias por leer nuestra historia, escrita con las lágrimas y el vacío del alma que dejó en mí... Mi querido y amado compañero, el CHE.

05-07-2011