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Moski, mi querida gordita

Serafín Álvarez

Quiero exponer la historia de Moski, nuestra querida gordita. Moski se cruzó en mi camino una noche desapacible, con lluvia. Por algún motivo que no puedo recordar tuve un pequeño enfado con mi pareja Divi y salí a dar una vuelta por el barrio, cuando de entre unos arbustos salió un gemido de pena de un gatito. Mi sorpresa fue mayúscula, pues aun tratándose de una cría con apenas dos semanas de vida aproximadamente, al llamarla con el típico bsss bsss maulló de contenta, toda mojada y temblando de frío.

MoskiLa cogí y me la puse dentro de la chaqueta. Todavía recuerdo los gestos y el ronroneo de satisfacción al sentirse calentita y segura. Hablé con ella mucho tiempo como si fuera un ser humano, y a pesar de mi edad me sentí conmovido por las miradas que me brindaban sus preciosos ojos, como si entendiera que se encontraba a salvo.

Desde ese mismo momento sabía que había encontrado, o Dios puso en mi camino, a tan cariñosa y singular gatita, y sin pensármelo dos veces le puse el nombre de Moski, en relación al mosqueo que había tenido con mi pareja. Todavía recuerdo la expresión de Divi al levantarse por la mañana y entrar en la cocina, donde la dejé por la noche con su leche calentita y una manta, al escucharle decir: "Pero esta mierda que es". Simplemente le respondí: "Esta mierda es mía y desde hoy formará parte de nuestra familia..."

Fue lo mejor que nos pudo pasar. Moski se volvió el centro de atención de mi hijo Serxo, de mi mujer y mío. Participaba en todas las bromas, le explicábamos como si fuera una persona todo lo que hacíamos... ¡Les puedo asegurar que entendía con el tiempo muchas cosas al hablarle! Nos esperaba en la ventana del jardín, conocía el sonido del coche a pesar de vivir en un bajo con mucho tráfico enfrente, sabía por el sonido de las llaves cuándo el que se acercaba era de casa. Fue un animal querido hasta límites que personas ajenas a la familia no podían entender.

MoskiEn el año 2002 una artrosis de columna vertebral me apartó de mi profesión, lo que cambió la vida de mi familia. ¡A día de hoy, y aunque fui operado, todavía estoy recuperándome! ¿Qué significó Moski para mí? Todo. Su compañía en mis horas bajas puedo asegurar que fue la mejor medicina: tantas horas en cama y ella siempre estaba ahí, ronroneando, dándome con su hocico en la nariz, subiéndoseme encima. En fin, que siempre conseguía acurrucarse entre el brazo y el pecho, mirándome con tanto cariño. Cuántas confidencias con mi gordita, cuántas caricias, cuánto cariño...

Pero el día 20 de febrero, al llegar a casa, nos llevamos el mayor disgusto de nuestras vidas. Moski nos dejó. Quedamos destrozados. Nuestra mejor amiga falleció en el sofá donde tantas siestas me eché con ella. No sufrió, se quedó con la expresión serena, como si estuviera dormida. Fueron quince años de disfrutar de un cariño sin intereses, siempre esperando las caricias, alegre y juguetona, sintiendo cuando por algún motivo estábamos preocupados y mirándonos entonces con esa mirada como entendiendo que algo no estaba bien.

Por eso quiero compartir esta historia con todos aquellos que en general quieren a los animales y en particular a los gatos, y decir que si hay un cielo para nuestros animales tan queridos desde él nos estará viendo con esos ojos preciosos. Desde nuestro dolor por la pérdida de tan cariñosa gatita solo podemos decirte: gracias, gordita.

14-06-2010