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No te vayas, Celeste

Cany

Celeste llegó a mi vida en el verano del 99. Fue un regalo de Leo, en aquel momento mi novio. Sabía que me gustaban los gatos siameses, aunque nunca había tenido uno. Hasta ese entonces, en que recibí una cajita de cartón y adentro estaba Cheli con una cintita roja. Le puse Celeste por sus ojos. ¡Desde que nos vimos supimos que seríamos ella y yo una sola!

CelesteSe enamoró de Palomo, un siamés que andaba siempre por la casa de al lado; el amor se concretó y tuvieron sus frutos. Cheli se convirtió rápidamente en madre, esposa y viuda, porque Palomo, tristemente, apareció un día dormido.

Celeste fue una mamá inquieta y responsable de sus hijos, siete gatitos blancos con sus mismos ojos... ¡Fue una experiecia maravillosa verla por el pasto junto a esas pelotitas blancas que corrían por todos lados!

Cuando fueron creciendo los regalé y me quedé con dos de ellos, Totón y Federica, y obviamente con mi Cheli. Totón sufrió un accidente y lo perdimos. Mi hermana me regaló otro siamés, Valentín, que Cheli adoptó como hijo a pesar de la resistencia de Federica. Hace unos meses Federica sufrió una hepatitis que acabó con su vida.

Hoy Cheli esta peleando por su vida, y mi corazón está quebrado... Celeste siempre estuvo a mi lado, en los momentos alegres y también cuando estaba enferma. ¡Se dormía a mi lado en la cama como si supiera que tenía algo, y me cuidaba! Cómo la amo. No hacía falta que maullara, porque con sus ojitos color cielo siempre se hizo entender; esos ojos maravillosos hablan..., me hablarán siempre.

Sos un ángel. Gracias por tu amor y tus cuidados, tus mimos, tu suavidad y tu lealtad. Es impagable lo que viví en estos casi doce años que compartimos... ¡No quiero que te vayas, amorcito!

Tu mamá, Cany.

06-11-2011