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Ramoncito

Carla Castillo Bórquez. Punta Arenas, Chile

Es el segundo compañero gatuno que tengo. El primero fue cuando yo tenía 13 años y estuvo conmigo hasta mis 21. Cuando decidió que ya no podía estar más junto a mí y se fue, no imaginan cuánto me dolió.

RamoncitoLo busqué con fotos, casa por casa, en sectores alejados, eriazos y nada... "Se fue a morir a otra parte", me dijo mi mamá, "para que no sufras". Pero cómo no iba a sufrir, si ni siquiera pude darle un funeral a la altura de lo regalón que era...

Después de él no quería ningún gato más. Siempre los admiraba, los encuentro hermosos, pero ninguno lograba llenar el vacío que dejó mi "cabezón". Pasaron muchos años y eventos en mi vida, y entre ellos... me casé.

Fue entonces cuando le dije a mi esposo que quería tener un gato. Me sentía preparada para cuidar a otro bichito y darle todo ese amor que a mi gato cabezón no pude seguirle dando por cosas de la vida. A mi esposo no le gustan los gatos, sin embargo me dijo que si yo me hacía cargo no había problema, con una sola condición: "Que no duerma en nuestra cama". Le encontré razón de alguna forma, si a él no le gustan...

RamoncitoFue entonces que me puse en campaña de adopción, y una tarde de invierno envuelto en un pañito llegó... ¡Era una cosita que apenas se veía! Completa y absolutamente gris, si hasta sus ojitos eran grises... Hice inmediatamente el gesto de apego y me lo puse contra el pecho y le di un besito en la frente, hasta ese minuto sin saber si era machito o hembra y buscando un nombre que fuera apropiado. Como en ese entonces mi esposo estaba trabajando fuera de la ciudad, adivinen quien durmió conmigo todas esas noches.

El tema del sexo del nuevo integrante de la familia fue lo que definió que se llame Ramoncito, a raíz de una telenovela en que había un personaje que no se tenía muy claro qué era...

Después nos cambiamos de ciudad, y era muy chistoso cómo se me perdía a cada rato entre todas las cajas de embalaje y el desorden típico de una mudanza. El traslado de una ciudad a otra fue en bus, y mi Ramoncito estuvo muy tranquilo las tres horas que duró el viaje, y como generalmente ponen películas, viajó mirando películas sentado en mi hombro, igual que un loro.

RamoncitoEn esta nueva ciudad nos pasaron muchas cosas más que no voy a comentar para no hacer una lata el texto. Pero mi Ramoncito es una maravilla, muy especial. Conversa conmigo: yo le pregunto cosas y en su idioma me contesta, ¡entiende todo tan bien!

Él es mi despertador y a la hora que yo le diga que me despierte lo hace, rascando la puerta y maullando despacito para despertarme solo a mí... Además me acompaña cuando me ducho, cuando estoy enferma, cuando estoy triste... Y los sábados en la mañana, cuando mi esposo trabaja, se va a acostar conmigo. Es nuestro secreto. Tan pronto como siente que mi marido cierra la puerta, se abalanza a mi cama.

Mientras no haya uno de verdad... ¡Ramoncito es mi bebé, y como tal lo adoro!

30-05-2009