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Trasgu, nuestra única opción

Maralvarez

Era junio de 2004, y a mi hermana se le acababa de morir Treyu una coneja a la que, a pesar de ser un poco gruñona, todos queríamos mucho. Por entonces, hacía casi un año que yo había recogido a Pumuky (mi gato), y estaba encantada con él, así que la animé a que adoptara un gato.

No sé por qué la veterinaria nos aconsejó que fuera un gato pequeño. Lo de pequeño lo entiendo porque así se adaptaría mejor a Pumuky, pero que fuera macho no, porque mi gato está sin esterilizar y de adultos esto podría dar problemas de marcaje. Además, en mi opinión, el gato se llevaría mejor con una gata.

He de aclarar que mi hermana y yo no vivimos juntas, pero en muchas ocasiones en que viaja ella o bien viajo yo, nuestros gatos se quedan juntos, así como en vacaciones de Navidad o de verano. De ahí la necesidad de que los gatos se adaptasen bien.

El caso es que buscamos una protectora y decidimos ir a ANAA. Una vez allí nos encontramos con que tenían solamente tres gatos en adopción, ya que también había una camada de gatos negros pero que estaban en cuarentena.

De los tres, uno era una gata Bosque de Noruega, preciosa y juguetona, pero resultó que estaba reservada, por lo que realmente solo quedaban dos. Así que fuimos a verlos. Uno era un gato negro mayor, tendría como siete años y era de un tamaño grande y parecía muy manso, y el otro era Manuela, una gata estilo vaquina de unos tres meses.

El gato mayor lo descartamos enseguida por lo que nos había aconsejado la veterinaria, así que nuestra única opción era Manuela, que a pesar de ser una gata era chiquitina. Estuvimos viéndola y cogiéndola en brazos; estaba algo asustada y era un poco sosa. Nos contaron su historia: había sido la única superviviente de una camada de gatos callejeros y la habían encontrado debajo de un coche muerta de hambre. Su canguro nos contó que convivía perfectamente con otros animales.

El caso es que mi hermana no estaba del todo convencida, en parte porque la veterinaria nos había recomendado un gato y por otro lado estaba la Bosque de Noruega que era guapísima y simpática.

De este modo salimos afuera a pensarlo y después de mucho come-come entramos a por Manuela, ahora Trasgu. Las chicas de ANAA pensaban que ya nos habíamos ido y se llevaron una grata sorpresa cuando entramos a por Trasgu.

El caso es que aquella gatina de aspecto soso y miedoso resultó ser una gata muy particular y superparlanchina. Todo el día está hablando
con nosotras, excepto cuando se enfada, ya que entonces te retira la palabra. Eso puede suceder, por ejemplo, si mi hermana tarda más de lo normal en llegar a casa.

En ocasiones tiene un comportamiento similar a un perro. Cuando siente ruidos o a algún vecino que pasa cerca de la puerta se pone en actitud de alerta y empieza a bufar. También tiene una guerra especial con la aspiradora, a la que ataca y no para de bufar. Además tiene un comportamiento sobreprotector, especialmente cuando presiente que alguien no se encuentra bien de ánimo.

Su juguete preferido es una cuerda, y cuando quiere jugar te persigue por toda la casa con la cuerda en la boca hasta que finalmente acabas jugando con ella.

El caso es que mi hermana quiere un montón a su gata, y ya no hay gata en este mundo más buena, lista y guapa que la suya. Yo, a veces, le tomo el pelo y para hacerla rabiar le digo que vamos a devolver a Trasgu por una gata más guapa.

La verdad es que todos queremos mucho a Trasgu, y creo que ese cariño es mutuo.

24-06-2006