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Uno más en la familia

Shaska

Esta es la historia de cómo Rocky llegó a nuestra familia después de muchos años de querer un gato, y de cómo nos ha encandilado a todos con su carácter tan bueno y simpático.

Desde pequeña siempre había deseado tener un gato. Mis padres, al vivir en una ciudad, me decían que era un poco difícil tener uno, ya que nuestro piso era bastante pequeño y el gato no podría disfrutar de la libertad que debería tener. Durante años insistí e insistí y siempre me decían que no, pero yo estaba segura de que algún día podría tener un gatito a mi lado para poder cuidarlo y darle todo mi cariño. Entonces, por fin, llegó el día en que apareció Rocky.

La historia de cómo nos conocimos fue así más o menos: Mi madre y yo íbamos por la calle viendo tiendas y nos paramos en una de animales. Entonces vi en el escaparate un gato pequeño atigrado de color gris y blanco, a mi madre le encantó y me dijo que le gustaría llevárselo. Me quedé un poco extrañada porque no quería tener animales en casa, pero no quise desperdiciar la oportunidad y le pedí que entráramos a verlo y que preguntara al dueño cuánto costaba.

Nada más entrar me di cuenta de que también había, en una jaula, dos gatos siameses de unos tres meses de edad. Me acerqué a verlos y uno de ellos se acercó y sacó la patita para tocarme. Ese gesto me hizo mucha gracia, ya que parecía un gatito muy simpático. En ese momento mi madre vino y me comentó que el gato atigrado estaba vendido y que nos fuéramos a casa, pero el dueño, al ver cómo había estado con el gato siamés, me dijo que nos regalaba uno de ellos. Mi madre dijo que no, que eran un poco grandes y ella prefería uno pequeñín, pero yo insistí mucho y el dueño también, así que mi madre no tuvo más remedio que llevárselo. Al principio estaba un poco enfadada, pero al ver como era el siamés se le paso rápido y enseguida le cogió muchísimo cariño.

Hoy, 14 de agosto de 2002, estoy en la ciudad estudiando mientras que mis padres se han quedado unos días más en el pueblo de vacaciones. Eso sí, Rocky se ha quedado con ellos porque mi madre es incapaz de estar un día sin su querido siamés, y yo le echo mucho de menos porque el piso esta un poco vacío sin él. Estoy deseando que pasen dos semanas para volverlo a ver y jugar con él como antes.

Y aquí acaba la historia de cómo mi gato Rocky entró en la familia y ahora es uno más e indispensable para todos.

14-07-2003