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Willy, mi gato callejero y otras disertaciones sobre gatos

Marina Beltrán. Cartagena, España

Al poco de estrenar nuestra casa observamos que había por la zona unos pocos gatos callejeros. También veíamos cómo todos los días un vecino bondadoso les ponía comida. Uno de los gatos, un gato blanco y grande, siempre se frotaba con este vecino antes de comer, como dándole las gracias. Sin embargo él no acariciaba nunca al gato. Pero gracias a este vecino, los cinco gatos callejeros sobrevivían. ¡Dios lo bendiga!

WillySin embargo veíamos que los gatos estaban delgados; había uno de ellos que parecía un gusarapito de lo delgado que estaba. Entonces pensamos: "Si nosotros les ponemos un poco de comida por la mañana, cuando este vecino les ponga por la tarde los gatos habrán comido dos veces y ya no estarán tan delgados". Así que empezamos a ponerles de comer por la mañana.

En cuanto empezamos el gran gato blanco se acercaba, al principio con un poco de reservas, pero al día siguiente ya se estaba frotando con mi marido. A él y a mí nos gustan mucho los gatos, así que correspondíamos al gato acariciándolo un poco. Cuál fue nuestra sorpresa al ver que el gato, cuando le correspondíamos, se frotaba mucho más. Incluso paraba de comer para frotarse y frotarse, una y otra vez. ¡Cuánto amor! Se frotaba y nos miraba con sus preciosos ojos azules. ¡Qué belleza de gato! La cara blanca con alguna raya amarilla, como perfilando sus ojitos almendrados, la nariz rosa perfilada en negro, la boquita rosa preciosa y unas proporciones faciales que más de una modelo de pasarela envidiaría. ¡Qué elegancia de movimientos, qué manera de sentarse tan formalito, mirando con los ojos entrecerrados! ¡Qué "saber estar"! Al mirarnos con tanto amor y tanta inocencia se nos ocurrió ponerle de nombre Willy. Willy, nuestro gato callejero.

Un día entramos en el coche mientras Willy estaba comiendo al lado. Entonces, para nuestra sorpresa, Willy entra en el coche y se sienta encima mío y empieza a frotarse. Después le tocó el turno a mi marido, y luego ronroneos, amasar mi falda o mi abrigo, amasar a mi marido, todo ello ronroneando con los ojos cerrados. ¡Cuánto cariño! ¡En mi vida había visto un gato tan cariñoso! Frotando su cara con la mía con mucha fuerza, refugiándose en mi regazo... Se nota que el gato necesitaba amor.

Seguimos pensando en coger al gato. El problema es que nos da miedo que Pocholo no lo acepte. En su momento se llevaba mal con Morronguita, la gata de mis padres. Es por eso que nos limitamos de momento a llevarle comida y luego a darle un poquito de amor, acariciarlo, abrazarlo cuando él nos abraza... Los otros días intentamos cogerlo, pero él se asusta si lo llevamos en brazos a casa. Supongo que tendrá que acostumbrarse más. Solo sé que lo queremos un montón.

A algunas personas no solo no les gustan los gatos sino que los odian. Cosa que yo no entiendo, porque a mí no me gustan los perros, pero no los odio, y además algún que otro perrito pequeño me parece gracioso. Estas personas que no soportan a los gatos, que dicen que son falsos y traicioneros, lo que tienen es un desconocimiento en la materia: ¡nunca han tenido gato!

¿En qué te va a traicionar un gato? ¿Te va a desfigurar la cara? Todas las semanas hay noticias de perros que muerden en la cara a dueños y niños. ¿Cuál es el problema? ¿Que si al gato lo maltratas ya no quiere estar contigo? Eso pienso que es normal, a nadie nos gusta que nos maltraten. ¿Que cuando lo acaricias demasiado hace ademanes para que lo dejes tranquilo? Eso también es normal, hay que comprender que no hablan. Willy, cuando no le gusta algo, nos aparta con la manita, con toda la educación del mundo, y nosotros no insistimos más.

También dicen que son independientes. ¡¿Independientes?! Por eso Pocholo nos sigue por toda la casa y maúlla cuando no nos ve. Por eso nunca quiere estar solo en una habitación a menos que esté tranquilo durmiendo. Morronguita siempre me esperaba en mi cama para dormir, Willy se queda a mitad de comer con tal de que lo acariciemos, y luego sigue comiendo. Mi bisabuela tenía un gato llamado Morronguín. Contaba mi abuela Marina que cuando mi bisabuela murió, el gato murió de pena al poco tiempo. ¡Cuánto quería ese animal a mi bisabuela! ¡Ya veo lo independientes que son!

Y luego están los que son partidarios de castrarlos. ¡Eso! Así si hay suerte no habrán gatitos para nuestros nietos. Se olvida fácilmente lo que pasó en Europa cuando se intentó exterminar a los gatos. Epidemias horribles como la peste bubónica. ¡Los gatos eliminan ratas, bichos, lagartijas, hasta culebras!

A mi Morronguita nunca la esterilizamos. ¡Pobrecita! Nosotros le dábamos una pastilla semanal, disuelta en un poco de agua y mezclada con su pescado que tanto le gustaba. Morronguita murió de vieja a los 18 años, no le afectó tomar unas pastillas y le ahorramos el sufrimiento de una operación. Por supuesto no la sacrificamos. Estuvimos acompañándola, tal como ella nos acompañaba cuando estábamos malos nosotros.

Estas son algunas de mis reflexiones sobre los gatos, preciosos animales, con un saber estar impecable y una nobleza de sentimientos envidiable. Inteligentes, guapos y útiles para la humanidad.

Un saludo a todos los amantes de los gatos.

23-01-2011