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Monín, el primer gato en mi vida

Irais. Monterrey, México

Monín llegó a mi vida cuando yo tenía entre 4-5 años. Era un gato blanco con manchas negras, grande, altivo, de hermosos ojos amarillos, arisco, independiente, dueño de su vida...

Pertenecía a mi tía Juanita, pero ella me lo regaló al ver lo que me gustaba. No sé cómo se deshizo de él, era un magnífico "trabajador" Mi tía tenía una tienda y Monín era el encargado de mantener a raya a los ratones.

Vivimos algún tiempo entre peleas y rasguños, yo a cargarlo y él a rasguñarme. Después aprendimos a tolerarnos, dejaba que lo cargara un ratito y me rasguñaba mucho menos... Un tiempo después llegó el cambio de casa y Monín se fue con nosotros. Han pasado muchísimos años de aquello, pero todavía lo recuerdo muy bien.

Mi mamá no quería irse sin su gato y ya estaba lista la mudanza, pero Monín no llegaba de sus nocturnas andanzas. En cuanto llegó mi mamá lo puso en un costal y listo, ¡vámonos! Tan pronto como lo sacaron del costal se metió debajo de la cama de mis hermanos y ahí siguió toda una semana sin comer ni tomar agua. Arañó y tufó a todos los que quisimos sacarlo de ahí hasta que por fin, un día, tembloroso y flaco salió de su escondite...

A los pocos días andaba otra vez buscando gatas y haciéndoles la vida imposible a los ratones: los agarraba de la cola, los azotaba contra la pared, los dejaba que corrieran un poco y otra vez los martirizaba; no se los comía porque estaba bien alimentado, pero nunca perdía la oportunidad de jugar con un ratón. También les echaba el ojo a los pájaros, pero se agachaba inmediatamente en cuanto mi mamá le gritaba: "¡Nomás atrévete!"

Pero, como siempre, hay villanos en la historia de los gatos... Una bala de posta le destrozó el ojo derecho, llegó a la casa ensangrentado, sufriendo, con el ojo hinchadísimo. Mi mamá lo curo como pudo, ya que en aquel tiempo no había muchos veterinarios ni la posibilidad económica de atender a los animales.

Tuvo varios percances más. Era un verdadero gato arrabalero: mordidas, golpes, picaduras de animales ponzoñosos... Unos provocados en peleas por el territorio y por la preferencia de las gatas, otros más por personas malvadas.

Duró muchos años más, así tuertito; grande, altivo, con su hermoso ojo amarillo, arisco, independiente y tan dueño de su vida que, cuando sintió llegar su fin, simplemente se fue. No supimos más de él; lo buscamos, pero nada... Alguien nos dijo: "los gatos les quieren ahorrar a sus amos el sufrimiento de verlos morir". Descanse en paz Monín.

13-05-2002