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La gata Cataplum

Avalon

Un domingo cualquiera mi madre me sacó de la cama a la terrible hora de las 2 de la tarde. Habían ido a tomar el vermut al bar de mi prima, y me traían una sorpresa de vuelta. Mi padre, de debajo de la chaqueta, del lado del corazón, sacó la cosita más pequeña que había visto nunca. Era una gata tricolor, a manchas sobre fondo blanco, y con unos ojos muy dulces (que era lo único que tenía dulce, porque vaya bicho).

Mi madre no la quería porque mi hermano es alérgico, pero no se pudo negar a ayudar a esta cosita tan pequeña. La llevamos al veterinario, que nos dijo que era hembra, y que tendría una semana o así. Mi padre la trató igual que a un bebé humano. Se levantaba por la noche a darle el bibi o a cambiarle los "pañales" (el periódico de la caja, vaya). Hasta le fabricó una "mamá" con una botella de agua caliente especial para revelar fotos y un poco de tela de borreguillo.

Creciste muy deprisa, dormías en una zapatilla, y luego en una caja, y luego en la cama, a mis pies. A mí no me soportabas, pero los pies de mi cama era tu sitio para dormir. Eras muy arisca, si alguien se te acercaba le gruñías, y como se nos ocurriese acariciarte nos bufabas. A todos menos a mi padre, claro. ¡Cómo te tenía de consentida! Eras su niña, mucho más que los que habíamos sido sus propios hijos. Y te llamamos Cataplum porque te daba por tirarte de cualquier sitio, sin pensar en las consecuencias.

Pero algo te pasó. Ahora que leo en el foro cosas, veo que tendríamos que haber tenido más paciencia. Te pusiste a hacer las necesidades por toda la casa, y no usabas la bandeja. Pero yo en aquella época no podía opinar. O sea que hicimos lo mejor para todos. Te dimos a las señoras de la casa de al lado que tienen un jardín, y te dejamos ahí. Al principio no te gustaba, tenías mucho miedo y te escondías, y solo salías si oías nuestras voces. Salías y llorabas para que te llevásemos a casa. Yo lloraba también y supliqué para que volvieses, pero mi madre se planto en el NO y no hubo manera de hacerla cambiar de opinión.

Al final dejamos de verte, y cuando te veíamos ya no nos hacías caso.
Y ahora ya no te veo. Te busco por entre los árboles y los arbustos, pero no te distingo. Quiero pensar que estás bien, que igual no te veo porque te has ido con un gato, o que estás durmiendo en otro sitio, o que te has ido a la parte de atrás del jardín que no se ve desde mi ventana. Pero te echo de menos, fierecilla.

Asoma la cabeza de vez en cuando, ¿quieres?

19-09-2002