Inicio » Los gatos de Avalon » Para Aisea, mi niño guapo

Para Aisea, mi niño guapo

Avalon

Mi novio me había prometido un nuevo gato en cuanto nos mudaramos a un piso más grande. Dicho y hecho, lo primero que hice fue buscar en los anuncios uno que regalasen una gata gris, y ahí estaba, parecía hecha para mí.

La primera vez que te vi eras una cosita pequeña de orejas enormes, ojos verdes y un color gris claro, atigrado con negro. Según te vi me enamoré de ti, eras el gato más encantador que había visto en mi vida. Estabas jugando con tu madre, una hermosa gata blanca de ojos completamente negros, y cuando te pusieron en mis brazos no querías estar ahí, querías quedarte con tu mami. Tus antiguas dueñas me dieron un jersey viejo para que te llevase y no pasaras frío. Así nos fuimos, recorriendo todo Oviedo hasta llegar a la estación de autobuses.

En el bus te portaste muy bien, no maullabas y te quedaste dormido en tu cajita, con tu jersey. Luego llegamos a casa. Pokemon y Pooka te miraban extrañados y lo primero que hiciste fue encararte con ellos, aunque debías de ser cuatro veces más pequeño. Qué sorpresa se llevó Pokemon. Pero después del susto inicial se enamoró tanto de ti como yo. Te seguía a todas partes, te lavaba trescientas veces al día, y no te dejaba tranquilo ni un solo minuto. Dormía contigo, jugaba contigo, y hasta te seguía al baño. Tú estabas igual de encaprichado con él, para ti era tu mamá, tu hermano mayor y tu dios todo en uno.

Eso sí, no había nadie que se comparase con mamá. Tenía que estar cerca, y si me marchaba de una habitación enseguida venías detrás para asegurarte de que no había desaparecido. Y si desaparecía, en cuanto volvía ahí estabas tú para regañarme, en eso no has cambiado. Me volví loca contigo, eras mío, y solo me hacías caso a mí. Dormías conmigo, comías conmigo, y no podía cerrar la puerta del baño porque te ponías histérico a llorar.

Luego murió Pokemon y tú no lo entendías. ¿Dónde estaba aquel hermano que te cuidaba, lavaba y educaba? ¿Por qué no venía cuando le llamabas? Venías llorando a mí para que te lo devolviese, y yo no podía, qué más hubiera querido que traértelo de vuelta. Pero no podía ser. Así que tome el otro camino.

Te traje a un hermano pequeño. Eso no te gustó. Estuviste enfadado conmigo muchos días, tantos que pensé en devolver a Harley a la veterinaria que me lo dio. Pero al final te adaptaste. Viste que aquel mikín no te quitaba un ápice del amor que tenía y tengo por ti. Y adoptaste el rol de Pokemon. Te hiciste mayor.

Pero nunca demasiado mayor como para venir conmigo a dormir, para ronronear cuando te acaricio, para ponerte panza arriba suplicando mimos, para sentarte conmigo a ver la tele o jugar a la consola, para reñirme cuando llego tarde a casa.

Nunca has dejado de ser mi niño, mi pequeñín, la alegría de mis ojos y mi corazón. Nunca dejes de serlo, por favor.

Te quiere, mami. (Aunque también seas macho, qué se le va a hacer, no tengo suerte para elegir sexos, pero no te cambiaría por ninguna gata.)

05-08-2002