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Mimosa

Eli

Quiero compartir con vosotros mi pequeña historia con los gatos que, aunque tarde, han llegado a mi vida. Cada día que pasa me gustan más y más me intrigan. Siempre, desde niña, quise tener un gatito, pero, por diferentes circunstancias personales y familiares, incluido un problema de alergia y asma, era una cosa que ni me lo planteaba, aunque nunca sabemos qué nos tiene preparado el destino.

MimosaOcurrió que en el camping donde vamos los fines de semana apareció una gatita negra muy pequeña. Nadie supo cómo llegó, pero allí apareció hacia mediados de mayo del año pasado. En un principio fue la gatita de todo el camping, comía en todos los sitios y se acercaba a todo el mundo a recibir caricias y sobre todo a jugar.

Los que llevaban el mantenimiento del camping se hacían cargo de ella durante la semana; los meses fueron pasando y ella estaba tan feliz, corriendo por todo el camping. Por octubre cambiaron al personal del camping y la gatita se quedó sin los cuidados durante la semana, aunque se buscaba la vida comiendo lo que podía hasta que llegaba el fin de semana y le dábamos de comer.

Empezó el frío y yo sufría pensando en que iba a pasar las frías noches de la sierra madrileña solita en la calle. A veces hacía hasta 7 y 8 grados bajo cero, pero cada vez que mencionaba la posibilidad de llevarla a casa mi marido ponía pegas y no estaba por la labor.

Llegó enero y vimos que estaba preñada de otro gato adulto del camping y además empezamos a notar que ya no se acercaba a la gente; al contrario, huía de ella. Solo a nosotros se acercaba corriendo en cuanto oía el coche. Al comentar que estaba preñada nos dijo una trabajadora del camping que en cuanto nacieran los gatitos los iban a sacrificar. Se me pusieron los pelos de punta solo de imaginármelo y no sé qué cara de angustia me vería mi marido que él mismo fue a comprar un transportín para llevárnosla a casa ese mismo domingo, pasara lo que pasara, con la idea de que tuviera tranquilamente a sus gatitos, los destetara, pasara el invierno y para el buen tiempo devolverla al camping y quedarnos nosotros con uno de los gatitos y regalar los demás (ya nos habían pedido todos los cachorros, jajaja).

El caso es que en algún momento debió perder los cachorritos, porque nunca llegaron a nacer, supongo que por estar mal alimentada o por alguna patada, pero prefiero no saberlo. Decidimos que si quería se quedaría en casa hasta que hiciera buen tiempo, porque sabíamos que era una gata libre y no la podíamos dejar en un piso para siempre, y también decidimos operarla para que no volviera a quedarse preñada y le quisieran matar a sus gatitos.

Tengo que decir que el viaje en el coche lo hizo muy bien, solo maulló un poco los diez primeros minutos; ¡ella, que era un alma libre, encerrada en un transportín! A pesar de lo miedosa que es parecía sentirse segura. Cuando llegó a casa inspeccionó todo bien y fue dejando sus feromonas por acá y por allá. Nosotros la observábamos desde el desconocimiento de lo que es un comportamiento felino, pero nos pareció que estaba feliz.

Cuando ya habían pasado más o menos tres semanas quisimos saber cómo reaccionaria si volvíamos al camping con ella, si se sentiría más feliz en libertad a pesar del frío y del hambre. Estábamos dispuestos a dejarla si ese era su deseo, muy a pesar nuestro, pero en cuanto abrimos el transportín, fuera de la casa aún, entró a toda velocidad y se escondió debajo de una cama. Tardó en salir de allí y durante todo el fin de semana no quiso salir de la casa. Sentía miedo de que la dejáramos en el camping, así que nos volvimos con ella más felices que felices al saber que había decidido prescindir de su libertad por la seguridad de una cama caliente y de una rica comidita, y por supuesto muchos mimos.

Cuando volvió a casa nos confirmó con su comportamiento que ese era el sitio donde quería estar; empezó a dar saltos y a oler todo y a jugar con todo, llena de vida y alegría, y nos hizo muy felices verla así. Por cierto, le pusimos de nombre Mimosa porque lo es.

Ahora que se siente segura de nuestro cariño y sabe que no la vamos a abandonar, nos abandona ella a nosotros en cuanto llegamos al camping, porque le encanta estar en el exterior y entrar y salir a su antojo, haga frío o calor, sea de día o de noche. Se lo conoce de arriba abajo y le encanta sentirse libre y sin ataduras. Eso sí, nunca falta a dormir la siesta o por la noche, ni por supuesto a comer. El día que volvemos a casa no la dejamos salir para tenerla controlada.

Esta ha sido nuestra primera y maravillosa experiencia con un gato, gata en este caso y negra negrísima, de esas que dicen que dan mala suerte, aunque los que dan mala suerte son las personas que piensan así. Tengo que decir también que mi marido ahora es un amante empedernido de los gatos y que le sacan su lado más tierno.

12-11-2011