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El inolvidable Tenis

María Ra

Un día un pequeño gatito de menos de dos meses de edad y con apariencia siamesa perdió a su madre, una gata callejera, y se quedó solito, desamparado y con un montón de pulgas.

Toni, mi gran amigo de la infancia, lo vio y decidió llevárselo de sorpresa a su mujer, Mónica, adoradora de los gatos y una gran persona. Ni que decir tiene que aquel gatito le encantó y no hablábamos de otra cosa. Le llamaron Tenis.

El pequeño era un traviesillo muy activo, simpático, cariñoso y, sobre todo un glotón. Al menor despiste les "robaba" la comida. Por las mañanas los despertaba y les saltaba a la cama para jugar. Cuando llegaban de trabajar allí estaba él en la puerta para recibirles y se ponía como un loco cuando le llenaban el comedero. Movía la cola como si fuera un perrillo.

Cuando le decían "sienta" Tenis se sentaba sobre las patas traseras obedeciendo a la voz de sus "papás". Era muy listo y obediente. Me pasé un año estupendo oyendo las anécdotas de Tenis.

Por desgracia un día se puso malito. Maullaba como un desesperado. Después de recorrerse varias clínicas y probar con varios tratamientos dejó de maullar. Estaba triste, decaído y no tenía ganas de vivir. Hicieron lo imposible para curarlo pero un día Tenis se fue.

Desde entonces mis amigos no han querido tener otro gato porque no quieren pasar otra vez por ese mal trago que han vivido con la pérdida de su gatito, pero a mí me parece una tristeza que unas personas de tan buen corazón y que aman tanto a los animales se queden con ese vacío en sus vidas. Espero que un día otro Tenis se cruce en su camino y decidan cambiar de opinión, aunque este sea para siempre inolvidable.

15-05-2002